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Fue, sin duda, una gran intelectual del Derecho y la política y una de las grandes feministas españolas. Victoria Kent (1898-1987) hija de una familia liberal de mera clase media, nació en Málaga -donde estuvo hasta culminar su bachillerato- para estudiar después Derecho en la Universidad de Madrid, y más tarde dedicarse en la capital al derecho y a la política -como izquierdista republicana, repitió mucho que nunca había sido comunista- y después, por los tristes avatares de la Guerra Civil, exiliarse en París (donde Kent, gracias a la Cruz Roja, vive escondida y con nombre falso la Guerra Mundial) para continuar después ese exilio en México primero y finalmente en los EEUU, donde convivía con una mujer rica, Louise Crane; un lesbianismo que Victoria Kent ocultó prácticamente toda su vida, fuera de la estricta intimidad. Es natural que Victoria Kent sea muy reivindicada -lo es desde hace tiempo- aunque no como escritora, pues apenas lo fue. Fuera de sus escritos políticos o jurídicos, Victoria Kent sólo publicó un libro en vida, «Cuatro años en París (1940-1944)» que son su propia vida novelada, y que publicó Sur de Buenos Aires en 1947. La primera edición española del libro es de 1978.  Ahora Renacimiento (en edición de la profesora Carmen de Urioste-Azcorra) edita «De Madrid a New York. Artículos, conferencias, cartas». En ambos libros se ve el buen hacer literario de Victoria Kent, su buena redacción, pero es la mujer y su rico mundo quien interesa, más que la estricta escritora. Hay feministas escritoras mucho menos reivindicadas que Kent, como la socialista Margarita Nelken.  Victoria Kent regresó en olor de multitud a la España democrática en 1977, pero no se quedó. Debía volver a su secreto amor neoyorquino y por eso falleció en Nueva York y está enterrada en EEUU, en 1987, al borde de los 89 años…

Kent ejerció de abogada desde 1925 -aún bajo Primo de Rivera- y fue la primera mujer en Europa que hizo de abogado en un Tribunal militar. En 1931 (poco antes de la República) defendió a Álvaro de Albornoz, que resultó absuelto, en el Tribunal Supremo de Guerra y Marina.  Diputada en las Cortes desde 1931 (ya en la elecciones de 1936 por el partido Izquierda Republicana) el año de la proclamación de la República fue Directora General de Prisiones -algo insólito para una mujer en ese tiempo- dicen que algo ayudada por su siempre buena amistad (las cartas publicadas hoy lo corroboran) con Niceto Alcalá-Zamora.  Su etapa como Directora General de Prisiones -siguiendo a la muy pionera Concepción Arenal- no sólo llevó grandes mejoras a los centros penitenciarios bajo el concepto de la «reinserción social» del condenado, sino que volvió a Victoria Kent una mujer muy popular, al salir su nombre en el chotis «El Pichi» (que es un chulo) del muy popular musical «Las Leandras» de ese mismo 1931. Pichi le dice a su chica, si le habla de maltrato «se lo pues decir a Victoria Kent / que lo que es a mí/ no ha nacío quién…» .  Otro momento especial de Kent fue su debate en las Cortes con otra feminista histórica, Clara Campoamor, en relación con el voto femenino. El voto a las mujeres se aprobó en 1933, y España fue un país pionero al respecto (Francia sólo permitiría votar a las mujeres tras la 2ª Guerra Mundial). Triunfó Clara Campoamor, porque la postura de Victoria Kent era que las mujeres españolas, sometidas al patriarcado y a la Iglesia, aún no estaban preparadas pues darían su voto a la derecha. Ambas tenían algo de razón, pues suele olvidarse que hubo bastantes gobiernos republicanos de derechas, pese a lo breve y crispado del período. En el exilio -se fue a París, con tarea en la Embajada Republicana, a principios de 1937- Victoria Kent no cesó de trabajar por la España republicana que quería y luego por todos los exiliados, más divididos de lo que se supone, como demuestran hoy sus cartas con Salvador de Madariaga, con quien no concuerda.  Todo es sugeridor en Victoria Kent, incluso el hecho de que una mujer tan avanzada, ocultara tenazmente su condición lésbica. ¡Qué tremenda opresión debieron tener las lesbianas, aunque alguna aristócrata descarriada como Gloria Laguna, hiciera ostentación de su llamado «vicio»! Bienvenida de nuevo, Victoria Kent, tan plenamente española! Tengo la primera edición de su  «Cuatro años en París». En la dedicatoria (al profesor y editor santanderino Pablo Beltrán de Heredia) escribe:  «A  Pablo Beltrán de Heredia cordialmente y con esperanzas  en una España vivible  Victoria Kent.»

 


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