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La Nochebuena

Cuando yo era niño (en los años 50) la Nochebuena me gustaba mucho. Además en Madrid hacía más frío que ahora y nevaba en invierno con alguna frecuencia… Claro que aunque supiera que la Nochebuena -y la Navidad- eran fiestas religiosas, cristianas, creo que el niño que yo era lo tenía poco en cuenta… Ponía un gran belén con sus solemnes Reyes Magos y el terrible Herodes (que no lo parecía) y las muchas figuritas de barro -que se guardaban de año en año- me hacían más ilusión que el portal de corcho, con el Niño, la Virgen y san José (y el buey y el burro) que no eran mis predilectos. Cada mañana movía un poquito las figuras de los Reyes y sus pajes para que el seis de enero estuvieran en el portal, y los juguetes y los regalos propios con ellos. Estaba además la cena familiar ( muy cuidada), los dulces, los villancicos, la pandereta (que prefería a la zambomba), un mundo familiar y tierno, que aunque más pobre que el actual, creo yo que tenía muchas más ilusiones… Ahora no tengo familia. Así es que para mí no hay Nochebuena ni Navidad, aparte de que lo que veo (tan comercializado, a menudo tan vulgar) me guste bastante menos. Tampoco hay Reyes ni nieve y si algo queda de dulces             -siempre con chocolate- es porque soy en exceso goloso, aunque procuro controlarme. Lo he dicho y no me importa repetirme: creo sinceramente que la Navidad tradicional ha muerto o casi ha muerto y la actual me gusta poco. Pero no por nostalgia ni por espíritu de viejo (lo antiguo era mejor), no tengo ese espíritu y creo que muchas cosas de antes (la  política, sin ir más lejos) eran peores. No, no tengo nostalgia. Tengo tristeza por un presente romo, pobre, desilusionado, sin el castillo romano del belén y los dos legionarios que custodiaban a Herodes. No me gusta este presente en general, ni el mío en particular en estos días grises, en que sobrevivo como puedo… Curiosamente me acuerdo de un villancico cuyo significado trágico (en la cruel constatación del paso del tiempo) nos pasaba desapercibido a los niños. Ahora lo entiendo y me asombro de aquellas palabras realistas que, cosa singular, no mermaban el champán ni la alegría: «La Nochebuena se viene/ la Nochebuena se va / y nosotros nos iremos/ y no volveremos más…

¡Edad Media pura, y no nos dábamos cuenta! Acaso porque había aún no poca Edad Media alrededor en muchas cosas más. Pasadlo bien siempre, no sólo ahora…


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