Imagen de obra de LAdeV

Volver


Encuentro con Luis Antonio de Villena

por Juan Bonilla

Luis Antonio de Villena publica en Seix Barral Los días de la noche, un libro de imposible clasificación, muy singular, en su obra y en la literatura española, y en cualquier literatura. Ha vuelto a uno de sus libros de poemas -mi favorito entre los suyos: será que me hago viejo y me acuerdo de haberlo leído muy joven- y ha ido, poema por poema, tejiendo un relato que hace visibles resortes, anécdotas, fulgores de una época.

PREGUNTA : El suyo es un experimento fascinante. ¿Tiene noticias de antecedentes, libros parecidos, excursiones semejantes?

RESPUESTA : Pues la verdad es que no. No sé de ningún libro parecido, salvo en lo que éste tiene (pero sólo es un componente) de biographia literaria. Digamos Historial de un libro de Cernuda, pero es otra cosa...

P. Aparecen en su libro decenas de hermosos muchachos, decenas de lecturas, decenas de noches intensas, decenas de deseos insatisfechos -o satisfechos en la piel del poema-. ¿Echa de menos aquella etapa de intensidad, esplendor y echa de menos al que era?¿Qué le diría aquel joven poeta de veintipocos años al poeta actual si se lo encontrara una noche cualquiera?

R. Echo de menos esa época y aquella mala vida buena porque la Transición fue o parece más libre que ahora, y porque uno siempre quisiera volver a los días felices, que cuando fueron no te parecieron tan felices. Al jovencito que fui (que se creía muy maduro) acaso le diría que fuese menos pedante. No sé si él haría mucho caso al señor vestido de joven que soy ahora.

P . Hymnica es un libro de celebración, en el que la melancolía y el gozo de vivir se dan la mano. Los días de la noche cuenta, poema por poema, las circunstancias de la creación, las anécdotas que son invisibles tras los versos. ¿No ha temido quitarles misterio y rotundidad a poemas tan rotundos como los de Hymnica?

R. Tuve esa duda o miedo al principio. Que las prosas pudiesen ir contra los poemas. Pero creo que no es así, aunque algunos puedan preferir los poemas.

P . Si se propusiera hacer este mismo experimento con otros libros suyos, ¿sería el resultado tan vital y a la vez tan melancólico como paradójicamente en su libro?

R . No creo que lo hiciera con ningún otro libro. Lo hice con Hymnica porque desde siempre estuvo unido en mí a una etapa de liberación personal (que casi coincidió con la del país) y consiguientemente con una obsesión por la belleza y los cuerpos bellos... Los gatos príncipes es otra cosa. De la liberación se ha pasado al miedo y a la ira.

P . ¿Es de los que piensan que la belleza siempre dice la verdad, que en la verdad siempre hay belleza?

R . Keats nació -como yo- un 31 de octubre. Pero no creo que la verdad siempre sea belleza, pero son parientes. Lo aparentan con códigos sólo a la vista distintos.

P . Cátulo, los goliardos, Estratón de Sardes. Muy antiguo y muy moderno pasea el joven Villena por un Madrid que empieza a enfervorizarse. ¿Sigue vigente ese fervor o se apagó? ¿Y en sus impresiones acerca de ese fervor qué pesa más, el hecho de que se haya apagado el fervor o el hecho de que ya no es usted el joven Villena?

R . Afortunadamente, el apetito de libros y de cuerpos bellos no se ha apagado. Pero la madurez vuelve más fea la vida (la madurez y la Historia) y el joven Villena me visita a ratos y naturalmente me regaña. ¿Qué otra cosa iba a hacer? Ah, también me ha dado recuerdos para el joven Bonilla.