Vida de Dostoyeveski contada por su hija.
Aimée Dostoyevski. (No dice nombre de traductor) El Buey Mudo, Madrid-México, 2011. 311 págs.
He aquí un libro singular y quizás extraño, pero indudablemente curioso. El gran Fiodor Dostoyevski (1821-1881) se casó dos veces. Con su primera mujer no tuvo hijos, pero sí con la segunda –que era taquígrafa y le ayudaba con sus novelas- de la que tuvo cuatro. Dos murieron muy niños, y los dos restantes fueron Mijail (que murió de pobreza durante la Revolución bolchevique) y la autora de este libro, Aimée, que nació en 1869 y murió en Italia en 1926. La biografía de su padre se publicó en Italia en 1923 pero ella –supuestamente por motivos de salud- llevaba fuera de Rusia (adonde nunca volvió) desde 1913.
El libro es lógicamente muy íntimo aunque condesciende a pocas intimidades, si puedo hacer la distinción; sin embargo está lleno de largas digresiones sobre las etnias de Rusia, los más populares ruso-mongoles (el verdadero pueblo ruso eslavo) y los que proceden de Lituania –como el propio Dostiyevski- de normandos o de germanos (como Lev Tolstoi, según ella) bien que todo esto se haya mezclado, aunque queden dos tendencias , los eslavófilos (a los que perteneció en su madurez su padre) que quieren una Rusia propia que mire al oriente bizantino. Y los europeistas (entre los que están la mayoría de políticos e intelectuales) que sueñan algo que Aimée detesta: una Rusia europea. Es importante notar que, escrito muy cerca de la Revolución bolchevique contra la estaba la autora, ello se deja sentir. Con todo, el lector no comprenderá sino muy vagamente todos estos excursos raciales, inspirados diríamos en Gobineau.
Lo que Aimée nos cuenta de su padre es mucho y poco y siempre bueno. Cómo el europeista se hizo eslavófilo tras sus años de prisionero en Siberia por haber conspirado contra el zar (el horror tan bien contado en “Memoria de la casa de los muertos”) llegando a ser después no sólo monarquico sino devoto de la Iglesia ortodoxa. Nos cuenta que era un gran trabajador y un gran despistado, que tenía ataques de epilepsia, que fueron cediendo con la edad, y que murió con 59 años poco después de terminazr una de sus grandes novelas “Los hermanos Karamazov”. Dada su fama y su piedad se le enterró en el monasterio Alexander Nevsky, algo que estaba casi únicamente reservado para nobles de alcurnia. Por supuesto sabemos también que Dostoyevski tuvo una etapa ludópata (jugaba a la ruleta en Alemania) de la que nacería la novela “El jugador”, momento además en el que conoció a su segunda esposa, pues precisaba de una taquígrafa. Nos enteramos que Dotoyevski tardó mucho en pagar sus deudas pues cargaba con casi toda su familia, además de con su inútil hijastro, Pavel Isáev. Tolerante, amable, caritativo, con sólo una aventura extramarital al final de su primer matrimonio, Dostoyevski aparece como un ser taciturno pero casi perfecto. Quizá sea el retrato que una buena hija debe hacer de su padre. Pero sentimos que falta bastante vida y sobran multitud de reflexiones etnográficas. Sí, Dostoyevski se pintaba (parcialmente) en muchos de sus personajes. Detesteba (por esnob) a Turgueniev, que vivió casi siempre en París, y admiraba mucho al conde Tolstoi, al cual, sin embargo, nunca llegó a conocer. Paneslavista convencida, Aimée Dostoyevski –una mujer singular- llega a decir: “La raza eslava recogerá entonces la antorcha (dejada por los europeos anglosajones) y, a su vez, iluminará al mundo.” Una buena hija pero no sé si una buena biógrafa.
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