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Decadencias

Trías y la música

Eugenio Trías lleva muchos años  (para mi desde que leí «Lo bello y lo siniestro», 1983) siendo uno de nuestros grandes pensadores. No tengamos miedo a la palabra en este burdo tiempo de baratillos: Uno de nuestros grandes filósofos, si Savater es el «philosophe» por excelencia.  Y ahora Trías ha publicado en Galaxia Gutenberg un espléndido tomo, «El canto de las sirenas. Argumentos musicales.», donde comenta y analiza su música (o músicos) predilectos, entendiendo órficamente la música como un modo del conocimiento profundo: Un saber sobre el alma, en palabras de María Zambrano y como quiso el músico Salinas, al que celebró Fray Luis… Desde Monteverdi a  Iannis Xenakis (en medio  Stravinski, Mahler, Wagner, Mozart, por supuesto) la nómina no puede ser más plural y sugerente…

 Para mí este gran libro resuelve una polémica que no hace mucho quedó patente en una rica conferencia de Cristóbal Halffter: ¿Leen los músicos? ¿Son melómanos los escritores, poetas, intelectuales? Salvas célebres excepciones -como Luis de Pablo- creo que los músicos, los nuestros al menos, están más lejos de la letra, que los intelectuales y poetas de la música. Por supuesto Eugenio Trías no sabrá componer una sinfonía (supongo) pero eso es otra cosa. Tampoco los músicos  escriben «Lógica del límite». Cada mochuelo en su olivo, cierto, pero cosa muy distinta es ignorarse.

Casi todos los intelectuales que conozco (y no son pocos) son en alguna medida melómanos y saben, a grandes trazos a lo menos, por dónde va la música actual, y hablo de la llamada música culta. Sin embargo muy pocos músicos podrían hablar de la última poesía. Da la sensación de que aún siguen en Lorca, Machado y Hernández. Exagero quizá, pero no miento. De otra parte (no es el tema de Trías) están las abismales diferencias de recepción y público entre la música culta y la popular. Para Halffter es una herejía musical lo que Serrat hizo con Machado, pero sin entrar al trapo, Machado empezó a existir para mucho público medio -o de media abajo- gracias a Serrat. Sabina vende mucho más que Luis de Pablo, o hasta que Alban Berg, seguro… No quito ni un gramo de su valor real y vital a los cantantotes o al rock, pero el asunto (desde sus letras) es extrapolable a la poesía. Ningún poeta alcanza en ventas o Serrat o a Víctor Manuel. Hablamos de un mundo inculto -muy inculto, qué duda cabe, y es uno de nuestros mayores problemas, por supuesto- pero no sería malo que los músicos cultos renovaran la melodía, igual que una poesía de calidad, más cercana al mundo, ayudaría a franquear la cesura, hoy inmensa. Y aún pierde la poesía, más ajena a la generalidad del público que la música culta.

Pero vuelvo a Trías y a su tomo estupendo. Una gran obra, difícil (me temo) para quien no frecuente el ensayismo o este habituado a cierto lenguaje de la filosofía. Este libro no es para todos. Como no lo es la poesía de Hölderlin -aún- y es una lástima, que nos lleva otra vez al gran problema contemporáneo: la gran cultura (incluida la música) vive en las catacumbas. No es un sueño: estamos ya, vivimos en la Edad Media tecnológica.


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