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Decadencias

Oscar Tusquets:desnudo y desnudez

El arquitecto Oscar Tusquets Blanca (miembro en su día de la célebre «gauche divine» barcelonesa y fundador de una editorial que sigue llevando su apellido, aunque creo que nada tiene ya que ver con él) acaba de publicar en Anagrama, un libro, bien y buenamente ilustrado, muy acorde se diría en un principio, con los días alegres y festivaleros que se avecinan: «Contra la desnudez». Pero no tema el lector feliz o que aguarda su pequeña orgía de fin de año; tratándose de Oscar Tusquets no podía ser este un libro inquisidor o mojigato. El truco es fácil y de él vendrá la polémica: Oscar alaba y se maravilla con tantos desnudos  como el arte occidental nos ha proporcionado, pero le repugna la desnudez, es decir, hablando en plata, que la gente común y corriente se ponga en bolas…

El libro (fácil y ameno) está escrito en un directo lenguaje casi coloquial, que lo vuelve acaso el fruto de una buena conversación de sobremesa. A favor del desnudo (se llame Kim Basinger, Sharon Stone o Brad Pitt) pero rotundamente en contra de la vulgar desnudez, por muy naturista o ecológica que fuere. A Oscar Tusquets una playa de nudistas (con mujeres de tetas caídas y hombres barrigones) le parece un espanto, y exactamente lo contrario al arte. En esto es elitista y probablemente lo somos todos los estetas: lo artístico es elaborado y bello, mientras que lo estrictamente natural tiende a vulgar y feo. Por eso el desnudo artístico está lleno de reglas, limitaciones y trucos de pose que el autor nos va desvelando someramente (al lado de la ilustración pertinente), en tanto que la mera desnudez no deja de ser una grosería, no moral -no hay de ese puritanismo en este libro- sino estética, que es más grave.

El libro deja interesantes cuestiones en el aire. Por ejemplo ¿cómo es posible que el canon griego, el de Policleto y Fidias, lleve la friolera de XXV siglos vigente? En hombres y en mujeres, pero en hombres más aún: véanse sino las fotos de tantos modelos publicitarios de ahora mismo. La foto de Beckham exhibiendo calzoncillos con paquete, podría haber estado  en el pedimento de cualquier templo griego, claro que sin el calzoncillo de marras. Cierto, simetría y belleza eurítmica rigen el mundo, y pocos cambios ha habido en tales módulos. Las andanadas del autor contra el desnudo naturista (el desnudo de los feos) como falto de arte y contrario al erotismo, no gustarán a bastantes, porque no son democráticas, aunque sea verdad que en arte no hay democracia, pero en la vida corriente sí. Respecto a si el desnudo piloso es o no erótico, me temo que es ya más discutible. Erótico no es sinónimo de artístico, y así hay beldades supinas que como dice una amiga son magníficas para un museo (o una vitrina) pero sencillamente no excitan. Mientras que, a lo mejor, eso lo consiguen y a todo meter, los pelos abundosos de una axila… Sobre gustos hay muchísimo escrito, y el canon de belleza occidental es riguroso y vigente. Pero acaso no sea desacertado separar arte (exquisito) de naturismo o erotismo, que no tienen porque ser tan refinados, aunque a la actual plebeyez generalizada no le venga mal una pizquita de refinamiento. Como sea, observen y lean para cuanto da el desnudo, y gócenlo -del modo que prefieran, incluso con la santa esposa- en las fiestas paganas que se aproximan.


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