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MUCHACHOS PERSAS

Un amigo chileno, me oyó en Guadalajara (México) leer el poema en prosa «Ahorcados» de mi libro «La prosa del mundo» (Visor, 2009). Me dijo si estaba en la red, le contesté que no lo sabía, pero que yo lo pondría para él… Ahora se llama (sólo aquí) Muchachos persas, para ajustarme a los modos de insertar el texto. Sigue siendo «Ahorcados» en homenaje a aquellos muchachos de Teherán, hace no mucho. Utilizo textos místicos sufíes.

AHORCADOS

 

Sabían de memoria (sin saberlo) a los antiguos poetas y la lengua de los pájaros. Se habían descubierto con los ojos, que eran noche y penetraban noche. Y temblaban susurrando. Desnudos bajo el agua de un grifo vulgar, oyeron a Ibn Arabi cuando dice: “Brilló el relámpago cuando aparecieron sus dientes,/ y no supe cuál de los dos acabó con la noche”. Pringosos de su aroma vegetal (y tremantes) escribieron, con la lengua, en su piel viva de sombra canela, muchas líneas de “El intérprete de los deseos”. Y entrelazados como alquimia labios y piernas, oyeron otra vez: “Me vienen impetuosos los suspiros,/ y las lágrimas por mis mejillas corren.” Oh mi mal de amores por los lánguidos párpados… Quiero hablar en tu boca. Y la mano recorría el fin y el principio, la bóveda y la extensión celeste, y el almíbar de la lengua hacía callar la música del dedo. Paraísos de aroma vegetal, luz de luna, otra vez (otra vez) alcanzados, gozados, sabidos, íntimos, felices, temblorosos, rotos…Y escucharon: “Mañana y tarde pasaron sin gozar del descanso,/ juntando las mañanas y noche tras noche.” Y vieron ágiles corzos por un reino dorado, mientras ellos descansaban del santo exceso y los mástiles buscaban  para más y mayor amor (en tanta noche) grutas de velludo y velas de seda. “De la oscuridad de su cabello surgió la luna llena,/ y la rosa bebió del narciso negro.” ¡Cuánta quietud suave trasegando el deseo!

Fathi y Omar, dos muchachos de Teherán, con diecinueve años, fueron ahorcados en los días funestos del invierno cristiano de 2006 en plaza pública. Se amaban. Se querían. Buscaban dormir juntos y acariciar sus sexos. Ahorcados. Omar y Fathi, de diecinueve años. Y el mundo ridículamente no se ha roto aún. Y parece que los verdugos rezan en viernes: “El Compasivo se ha instalado en el Trono”. ¿Quién se ha instalado en el trono? Rezad por mi, muchachos de Persia.

 


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