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Decadencias

Michael Jackson: Al revés.

Difícil será hallar hoy alguien que encarne mejor el espíritu decadente (me temo que en las dos acepciones de la palabra) que Michael Jackson. Según la célebre y emblemática novela de J.K. Huysmans, «Al revés» (A Rebours) el decadente duque Des Esseintes busca un mundo distinto, cansado de una sociedad gregaria, antipoética, municipal y espesa. Esa huida hacia «lo diferente» Jackson la ha protagonizado a carta cabal, y hasta el extremo. En lo cual ha sido, por cierto, muy coherente con su visceral condición de rockero, si entendemos que el rock, en sus orígenes, significaba una protesta hacia un mundo otro.

Jackson huyó de su propio color de piel, se acogió al complejo de Peter Pan (su casa se llama como el país fantástico del relato, «Neverland», la Tierra de Nunca Jamás) y ha asumido una naturalidad enfermiza como su propio modo de ser. Huysmans o Villiers de l’Isle-Adam (el creador de «La Eva futura») estarían encantados de ver sus ideales de ficción llevados – con mucho dinero, ciertamente – a la realidad viva. ¿Es Michael Jackson un perverso, entonces? Literariamente, con toda seguridad. En el estricto plano de lo real, no lo creo. Estoy seguro (además lo ha aclarado él mismo) que Jackson  se ha acostado, jugueteando, con niños prepúberes; pero sería muy torpe decir que los ha corrompido,  cuando  precisamente intentaba ser como ellos. Ser – oigámoslo en los acertados términos – «su amiguito». Nada, pues, de Gilles de Rais, ni de ogro criminal o de instintos sádicos. Solamente un afán de huida hacia la inocencia, desde el malditismo…

¿Y eso no es de psiquiatra? No, necesariamente, sino produce otros problemas. Es – en el fondo – la búsqueda de una sociedad más plural, menos esclerótica. Cuando los decadentes decían que oían «música azul» ( una sinestesia que hoy nos parece de lo más normal) el profesor alemán Max Nordau replicó en su libro «Degeneración» – muy famoso a fines del XIX – que los tales poetas decadentes eran enfermos, con sus sentidos perturbados… ¿Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé? Perturbados y excedidos. Algo de verdad había en el aserto – entonces – pero hete aquí que hoy la tal «perturbación» forma parte de nuestra normalidad…

Creo que pocas cosas le disgustarían más – en lo íntimo – a Michael Jackson que ser tratado de «normal», cuando él busca o ha buscado la distancia y lo excéntrico. Jackson es atípico y decadente, pero en absoluto un criminal o un «asaltacunas». No creo que haya hecho daño a nadie. Otra cosa es que su cúmulo de excentricidades y el aparente fin de su carrera como «rey del pop» puedan llevarle a la ruina o le estén llevando ya.  Se trataría de otra decadencia. Como la de los aristócratas de antaño, que tiraban vajillas de oro al mar porque ya habían comido en ellas. Sólo por eso.


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