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MARGARIT PÓSTUMO: «ANIMAL DE BOSQUE».

Joan Margarit murió con 82 años el pasado febrero. Ahora Visor acaba de publicar su libro póstumo de poemas, su último libro, “Animal de bosque”  (Animal de bosc). Como siempre, desde hace bastantes años, el original catalán va acompañado de las no traducciones sino reescrituras que el propio Margarit hacía muy bien al español. Más allá de los siempre sucios rifirrafes políticos -más sucios cuando se trata de lenguas y de cultura- para Joan Margarit esas eran sus lenguas naturales, pues Franco (evidentemente negativo) no impuso el español en Cataluña, sino que ya muy a comienzos del siglo XVI el español estaba allí. Recordemos a Joan Boscà -barcelonés- que pasó a ser Juan Boscán, el gran amigo de Garcilaso y quien le dio a leer a Ausias March. Margarit -retornemos- nunca quiso hacer política de su bilingüismo y guardó silencio, cosa que no debió gustar ni a unos ni a otros. ¡Qué pena todo! Cuando conocí a Joan (en 1995) parecía no existir problema y él sufría básicamente por su hija Joana que murió después. Como he dicho otras veces, en esos años -cuando más traté y quise a Margarit- era un hombre de extrema y luminosa sensibilidad, alguien que (desde el hondo dolor) llegaba a la absoluta fraternidad. Al tiempo su poesía mejoraba. Sus libros primeros -en español o en catalán- son menos buenos que los posteriores. Luego, es verdad, Margarit radicalizó un tanto su posición política -al tiempo que ganaba premios- y aquel tono fraterno fue algo menos evidente, pese a su cordialidad…

“Animal de bosque” -su propia autodefinición- no es seguramente el mejor libro de Joan, pero tiene mucha calidad, mucho despojamiento, mucha y sabia sencillez. Y estremece a veces ese saber (y se dice) que el hombre va a morir, sabe que es el final, que está desahuciado por los médicos. Ese saber y ese acumular ciencia de vida -oyendo mucha música- hace que el poema, lleno de reflexiones, recapitulaciones, asumida serenidad y recuerdos, se vuelva escueto, sencillo, potente y muchas veces (no en todos, pero en muchos poemas) descarnado y eficaz. El libro está dedicado a su mujer y compañera final, Mariona Ribalta, como dice él “la Raquel de toda mi obra”. Sin duda -alguna vez me contó algo- era esa pareja que pasa infidelidades, acaso mutuas, y múltiples y distintas tormentas, pero que a la postre, siempre estuvo cerca y al fin se reconocen próximos ambos, más que nunca. “Animal de bosque” es un libro hondo, sencillo y humanísimo. Es una despedida y suena siempre a ello, pero así destaca más el valor, la calma y la caridad. Y el poeta (el hombre) sabe ya lo que quiere, lo que le importa -menos cada vez- y lo que nada le puede ya importar. “Voy conociendo cada vez mejor/ ese bosque interior donde uno acaba solo/ con un convencimiento:/ nada ennoblece como comprender.” Y se comprende mucho, diría Onetti, “cuando ya no importa” o quién sabe, acaso sí… En otro poema: “qué aburrido el laberinto de hoy” (que aborrit l’actual laberint). Somos siempre pasado, tensión o voluntad de futuro y ese frágil presente cuya esencia es huir. Gran libro “Animal de bosque” por lo que engrandece y acaso también por sus muy naturales límites. Adiós, viejo amigo Margarit. ¡Hasta siempre!    (“Mientras haya unas manos, estaremos los dos. / La última intimidad, no imaginada nunca.”)


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