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«LOS NEOPLATÓNICOS», NOVELITA HOMOERÓTICA

No era raro que en el siglo XIX, los políticos u hombres públicos fueran cultos y con una buena formación humanística. Otra cosa que los distingue de los (salvas excepciones) muy mermados políticos de ahora mismo, que tanto suelen dejar que desear. En España, por ejemplo, tanto Cánovas del Castillo como el más notable Emilio Castelar, escribieron novelas históricas. Castelar una muy notable sobre Nerón. Luigi Settembrini (1813-1876) fue un político italiano nacido en Nápoles -entonces aún Reino de las Dos Sicilias- que se rebeló contra los Borbones y  tras unos años de cárcel, fue uno de los padres de la Italia unificada. Por ello, aunque poco conocido fuera de su país, Settembrini es un prohombre patrio, y una figura venerable en Italia, que escribió sobre temas políticos y unos «Recuerdos de mi vida» (no del todo terminados) que se publicaron póstumos. En 1977 apareció en Italia una novelita breve e inédita de Settembrini, «Los Neoplatónicos» (I Neoplatonici) de tema homoerótico, la relación entre dos muchachos en la Atenas antigua. El libro se atribuye a un falso Aristeo de Megara, pero es fácil colegir que es el propio Settembrini traductor el autor de «Los Neoplatónicos», que el autor no se atrevió a publicar en su época (político insigne, hombre casado y respetable) por problemas morales. Es el caso que en la Italia de los 50 del siglo XX o antes -el manuscrito dormía en bibliotecas- tampoco otros, entre ellos Croce, se atrevieron a publicar «Los Neoplatónicos» por miedo a desdorar a Settembrini, pater patriae . Yo estaba casualmente en Italia, en 1977, cuando apareció bien editada ( y es la primera edición) «I Neoplatonici», al cuidado de un insigne helenista Raffaele Cantarella. Compré y leí el librito de inmediato. «Los Neoplatónicos» (título ambiguo desde hoy) no se refiere a la escuela tardía que renovó el platonismo , con filósofos notables como Plotino, Porfirio o Proclo. No es eso. Quizás con cierto error, Settembrini llama «neoplatónicos» a esos muchachos protagonistas de su novelita  (Calicles y Doro) que se supone siguen a Platón y sus teorías eróticas, aunque lo que Settembrini pinta en sus «Neoplatónicos» es una relación pederástica -sobre todo al inicio- que se ha llamado habitualmente «amor socrático». Claro que la novela (escrita se supone a mediados del XIX) es atrevida para la época y algo inexacta,le deja fuera a Aristeo de Megara. Con ropajes de la Atenas clásica (y un apartado curioso sobre el coito anal, convenientemente aseado por metáforas) Settembrini parece pintar en sus «Neoplatónicos» una relación colegial o de internado, que nadie se atreve a dirimir si tenía un fondo autobiográfico. Las relaciones socráticas, presuponían a un hombre adulto y a un adolescente, no a dos adolescentes. Aquí hay dos adolescentes que se aman (en realidad lejos del canon clásico) y que como humilde concesión a la época, terminan probando también con mujeres o chicas jóvenes… No, «Los Neoplatónicos» en modo alguno podría ser una obra en verdad antigua, aunque Settembrini tradujera al gran Luciano de Samosata. «Los Neoplatónicos» es una obra moderna, como he dicho, vestida con superficiales ropajes de la Atenas más clásica. Pero es un librito muy singular dentro de la expresión -tantos años condenada- del homosexualismo.

Pensé traducir el librito al poco de leerlo en 1977, pero algo (precisamente su falso socratismo) acaso me echó en purismo para atrás, y me olvidé. Ahora las minoritarias ediciones de Carlos Sanrune en Amistades Particulares, ha realizado esa traducción de «Los Neroplatónicos». El prólogo es informativo y pone el dedo en la llaga, aunque debiera haber abundado más en lo que no es «neoplatónico». Además «erasta» y «erómeno» sólo indirectamente pueden aludir a las edades, son simplemente las voces áticas de «amante» (el mayor) y «amado» (el más joven). Existe una traducción inédita de «Los Neoplatónicos» debida al poeta Miguel Salas, que realizó hace diez años al menos, a instancias de David Pujante y mía. Saludamos con gusto este «Los Neoplatónicos» tan poco antigua, en verdad, y que abre incógnitas sobre el político Luigi Settembrini y pone un raro eslabón más, en la  moderna expresión moderna del homoerotismo. Singular, sin duda.

 


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