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LA VIDA DE JIM MORRISON

Capitán Swing acaba de publicar en España (no sé si existirá otra edición en español en América) una vieja y primordial biografía de Jim Morrison (1943-1971) «De aquí nadie sale vivo», hecha por dos personas que le conocieron de cerca, Danny Sugerman , ya fallecido, el representante de «The Doors», el grupo de rock del que Jim fue la muy errabunda y terrible estrella, y Jerry Hopkins, un ya viejo y notable periodista norteamericano, que siguió a la banda y que está especializado en el mundo del rock y en el de Hollywood y su antiguo estrellato. El libro se lee con gran amenidad y es explosivo -en tiempos políticamente correctos- porque casi enumera la infinitas turbulencias de Morrison. Chico muy atractivo , hijo de una familia convencional burguesa con padre militar de alta graduación (en sus años de éxito y fuego Jim Morrison dejó enteramente de tratar con su familia, ni los llamó por teléfono); Morrison era un gran lector apasionado de la poesía maldita -la sombra de Rimbaud en su vida es muy notoria- que quiso ser y fue poeta, cineasta, compositor de canciones y llamativamente cantante de un grupo de rock que fue un icono -como la propia imagen de Morrison- entre 1967 y 1970. Sus excesos parecen inmensos, toda clase de drogas (desde el peyote a la cocaína, pasando por la marihuana y el LSD- ingeridas en cantidades industriales, con alcohol contínuo y mucho sexo… Jim Morrison (exagerado, loco e inteligente) parece la perfecta imagen del «dictum», «Vive deprisa, muere joven y dejarás un hermoso cadáver».  Es autor de canciones tan emblemáticas como «The end» -personalmente me encanta- o «Riders on the Storm». Acusado de mil faltas contra la moral y el decoro, pero sobre todo de masturbarse en público en un concierto en Miami, Morrison termina en París donde muere un tanto misteriosamente en la bañera de su casa, en el verano de 1971. Recuerdo la noticia, yo tenía 19 años. Lo encuentran muerto y saben que estuvo antes, él solo, en un club de música. ¿Sobredosis, suicidio, infarto? Nunca quedó claro. Jim estaba más gordo y llevaba barba muy poblada, al menos el último año. Fue enterrado en el mítico Père Lachaise, y su tumba a día de hoy es la más visitada en la necrópolis ilustre, junto a la de Oscar Wilde. Jim Morrison y Wilde dos disidentes complementarios. La biografía (no nueva, no erudita) merece mucho la pena. Es el relato vivo de una vida, absolutamente al límite.


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