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Griego desnudo

(Este artículo sale el el número de Diciembre de la revista de Girona «Bonart»).

Si uno oyera hoy la expresión “griego desnudo” no pensaría en un habitante de la Grecia actual, sacudida por la crisis económica, que anduviese desnudo por la menesterosidad o el paro… No, pensaría en alguna forma del arte clásico de la Grecia antigua o del helenismo, en una escultua, en un vaso ático, en una copia romana… Pero como el desnudo humano como imagen pública y estética fue un invento griego, que empezó además antes por el hombre que por la mujer, también podría pensar, el oyente de la frase dicha, en cualquier transformación posterior de la grecidad, llegando claramente hasta nuestros días… Podría decir que está ante una de las célebres fotos de Weber para Calvin Klein, con jóvenes hermosos anunciando calzoncillos u otros “underwears” y ha oído decir: ¡Caramba, el chico parece un griego desnudo! Y el oyente no se habría extrañado de frase semejante.

Pero también podemos suponer que visitando en Florencia el famoso David quattrocentista de Donatello (para el que se dice posó el joven, muy joven, Leonardo)  oyera asimismo decir: Un griego desnudo. Supiéranlo o no, aquí recomienzan los ideales estéticos helenos… ¿Mentirían?  Imaginemos que nuestro personaje ( el que escucha la frase del título) está paseando por el Musée d’Orsay de París, y entre las salas, famosas por los impresionistas –pero no entre los impresionistas, fue un renombrado simbolista- se encuentra con el gran cuadro de Jean Delville, “La Escuela de Platón”. En él –y en una suerte de jardín idílico- un hombre venerable y rotundo de oscuras barbas, se halla sentado entre doce esbeltos jóvenes desnudos, de larga melena y poses manieristas, que lo escuchan… No pensemos ahora si el tema quiere ser una contrafigura o oposición a Cristo y sus apóstoles. Oígamos, tan sólo, cómo nuestro visitante, contemplando, se tiene que repetir: Sin duda hay mucho “fin de siècle” aquí. Pero ¿cómo no afirmar que estos jóvenes griegos desnudos, pues discípulos de Platón, se nos quieren mostrar como una imagen que es el inicio –aunque sea sólo el inicio- de la Belleza eterna? Claro, son griegos desnudos.

Si observamos la casi infinita serie de “sansebastianes” pintados, digamos desde Mantegna hasta Claudio Bravo, también escucharemos que alguien dice: Griegos desnudos, aunque sea con diversos adornos entorno o justificaciones diversas. Y entonces no nos quedará más remedio que afirmar (aunque se puedan multiplicar, y mucho, los ejemplos) que el canon masculino del desnudo griego, si se exceptúa la Edad Media          –donde, además, el desnudo estaba prohibido por la religión- apenas ha variado o mutado muy poco en toda la historia del arte occidental.  Tal es el tema básico de mi libro “Héroes, atletas, amantes. Historia esencial del desnudo masculino.” Aunque algo insinúo sobre las posibles causas de esta gran y aplastante continuidad, prefiero que el lector (quizás avezado al arte) saque las consecuencias… ¿Por qué Bruce Weber sigue, y no de tan lejos, a Praxíteles? Ese es el dilema y está muy poco respondido. Quizá haya que echar una mirada a la cultura europea del romanticismo y del simbolismo, a la reinvención de la Grecia clásica por la filología alemana en el XIX o a aquel verso del ínclito y suicida Nerval: “Car la Muse ma fait l’un des fils de la Grèce…”


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