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George Sand, un escándalo rebelde

Relegada en las Historias  modernas  de  la Literatura a un papel tan infaltable ( otros  dirían clásico) como modesto, parece lícito preguntarse si hoy se leen mucho -o se estudian, incluso en Francia -los títulos novelescos del periodo más prestigiado de nuestra autora, como «Los maestros campaneros» (1853 ), «El hombre de nieve» (1858) o «La señorita de Merquem» ( 1868 ). Situada en lo que suelen llamar los historiadores de la literatura francesa «el segundo Romanticismo» (un romanticismo que se abre ya o entra en el realismo) está claro que George Sand suena más por si misma que por su obra. ¿Le ocurrirá eso mismo, con el  tiempo,  a Colette, que guarda más de un nexo de unión feminista con Sand?.  Es pronto aún para saberlo.

Aurore Dupin (1804-1876) tomó el pseudónimo literario -de resonancias masculinas e inglesas – de George Sand. Frecuentemente vestida de hombre, de una belleza morena y muy latina, se diría que el romántico propósito juvenil de esta mujer era ser una Byron femenina, una dandy ( dandy era un término de uso exclusivamente masculino ) y alguien, en suma, que quiso -contra los prejuicios de la época, contra la vetustez de las normas – edificar su propia vida. Ser ella. Nada lésbico hay en George Sand; si usó un nombre masculinizante y en su juventud se puso chistera y levita, es porque quiso significar y visualizar que sólo poniéndose en el sitio del hombre – ocupando su puesto- la mujer alcanzaría la culminación de sus derechos y posibilidades, se autorrealizaría. George Sand fue una adelantada, aunque terminó viviendo en el campo ( tiene varias novelas de tema rural) y siendo conocida,  lejos ya de sus amoríos y escándalos, como «la bonne dame de Nohant».

Como he insinuado pocos lectores sabrían – ahora mismo – decir, si se les preguntara de repente, algún título de George Sand, y en España, acaso se dijera sólo uno – por lo que nos toca – aunque se trate de un texto bien menor : «Un invierno en Mallorca». La descripción de su estancia en la Cartuja de Valldemosa, junto al músico Chopin, en el invierno de 1842, buscando mejorar la salud de él… Los dos más célebres amores de George Sand ( y no faltará quién diga que debe la posteridad a tales amores ) fueron el poeta y  novelista Alfred de Musset – uno de los clásicos del romanticismo francés – y el compositor polaco, afincado en París, Fréderic Chopin. Curiosamente ambos habían nacido el mismo año -1810 – por lo que eran seis años más jóvenes que ella, cosa infrecuente, ( o menos frecuente) en la época.

Los amores – finalmente tempestuosos -de George Sand y Alfred de Musset cuentan entre los más célebres  de  las  letras  francesas. Culminan en Venecia ( ya una ciudad turística en el siglo XIX) y en un hotel famoso: el Danieli. Enamorada de otro hombre, ella se lo presenta a él, quien no aceptando el trío, sólo puede caer en la desesperación. El doctor Pagellos, rompe la historia… Esa trama está en el origen de una de las más conocidas y emblemáticas novelas francesas de la época- de enorme resonancia en Europa- «La confesión de un hijo del siglo» (1836) de Musset. Poco después (quizás arrastrada por el eco ) George Sand daría su versión de los hechos en otra novela propia, «Ella y él» (1841 ), pero será la voz de Musset la que perdure, incluso cuando una Sand más madura, y lejos de los hechos, dé otra versión más biográfica en su «Historia de mi vida» (1854 ). ¿Machismo?. ¿O constatación de un más cumplido valor literario, que no sólo es cuestión de estilo, sino de significación?.

Muere Chopin, muere Musset ( siempre dejados por la mujer que los ha seducido) y George Sand se eleva como personaje fuerte, como mujer que sabe y elige su destino. Después de sus heroínas juveniles -y en buena medida autobiográficas como «Lelia» – y casi al tiempo, también, que su narrativa se acerca más al realismo, Sand inicia otra relación, esta vez con un hombre mayor que ella, que la hará entrar en el camino del socialismo y del interés político por los problemas de los desheredados. Pierre Leroux (1797-1871) fue uno de los fundadores  del  socialismo  francés  y  al  parecer  de los  primeros – sino el primero -en usar el término «socialismo»  en su significado actual. Fruto de esta historia de amor ( quizá más profunda si mucho menos teatral que las anteriores, y sólo hemos mencionado las célebres, hubo otras) brotará la novela «El molinero de Angibaut» (1845) y alguna posterior que inician el camino de la «novela social», género de larguísima duración, al que se  apuntó algún que otro romántico en retirada, como el célebre Alphonse de Lamartine. ¿Quién imaginaría, en fin, a la apasionada y joven George Sand, vestida de hombre y castigando como una seductora dominante, escribiendo después un ensayito con este título, «Diálogos familiares acerca de la poesía de los proletarios?.

Tenemos la inevitable sensación de que los autores del siglo XIX disponían de mucho más tiempo que nosotros. Hace 200 años que nació George Sand/Aurore Dupin. Y la pregunta – que no he contestado, que no sé contestar- sigue en el tablero de ahora mismo. ¿Una escritora de transición entre el romanticismo y  el  realismo, atenta ya a los problemas sociales?. ¿O la mujer – la apasionada mujer -que quiso ser ella por encima de todo, libre y plenamente, aún asolando la carcasa o la calavera de sus amantes más famosos?. Sand quiso ser una escritora y lo fue, pero ha quedado en personaje. Un gran libro de Jacques Barry sobre nuestra dama se titula: «George Sand o el escándalo de la libertad». Exacto.


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