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Decadencias

Gays y literatura:»Nadan dos chicos».

A pesar de que sigue habiendo tantos enemigos, y tan hostiles como los obispos cruzados y los políticos de más polvoriento corazón, la lucha por la dignidad entre gays y lesbianas (la lucha por no retroceder en lo que han conseguido a fuerza de tesón y sufrimiento) debe considerarse imparable. El tono mitinero es adecuado el día del Orgullo ( orgullo por las heridas y por los dañados): ¡Ni un paso atrás!

En medio de ese grito de justicia, se cuelan muchas preguntas sobre lo que debe ser la pluralidad gay-lésbica (contra la tiranía del modelo «queer») y la idea de si hay y qué es una literatura homosexual. A mi me parece muy difícil separar la literatura de un idioma de la específica – y en auge – temática homosexual. Hoy por hoy cuando hablamos de literatura homosexual hablamos de un tema y de sus autores, mujeres u hombres. Sé que algunos estarían encantados  de  que  se  descubriera  un   estilema  «gay» (algo así como dónde está la «pluma» de Cocteau o de Cernuda en su escritura, en los trazos de su «ars poetica») lo que hoy por hoy queda en el mero campo de los «desiderata».

Junto a la masiva traducción de novelas inglesas y norteamericanas de tema gay (véase la lista editorial de Egales) algunos españoles, como Pedro Menchén, han entrado ya con buen pie, en algo que parecía imposible no ha mucho: novelas gays de consumo. Novelas, en general, muy bien narradas, pero cuyo principal aliciente – para ese público que aún pide poco más en la escala literaria – es grata narratividad y un argumento claramente gay o lésbico, en el que no falte (difuminado al fondo) un toque de pedagogía y aún un consejo implícito sobre cómo solucionar tu vida… Naturalmente que la gran literatura va más lejos (nadie sueña en «El código Da Vinci» como ideal) pero esa etapa del tema gay como realidad y señuelo era – es – inevitable.

Quizá lo mejor de una literatura que busca lo hondo y al tiempo la amenidad del relato, puede hallarse junto en un estupendo novelón de casi 800 páginas altas que acaba de publicar Pre-Textos: «Nadan dos chicos» de Jamie O’Neill -publicada en inglés en 2001 – un autor irlandés, nacido en 1962, y que es hoy la gran promesa literaria de su país: La novela mezcla el conflicto anglo- irlandés, con la amorosa amistad de dos chicos en los días de la primera guerra mundial. No olvidemos que Oscar Wilde        (tan admirado por Umbral) y Joyce fueron irlandeses. Y el autor (O’Neill) no niega su complicidad. Traduzco la dedicatoria, en francés: «A Julián, mi amigo, mi amor».  Whitman y Llull, ¿porqué no? Todo lo que está en la naturaleza – dijo Plinio – es natural.


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