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Erastas y erómenos. Mayores y jóvenes.

 (La Fundación LGTB, «26 de Diciembre» -c/ Serena 122,  Madrid- se dedica, desde hace años, a ayudar a los hombres gays mayores. Entre esas múltiples ayudas, esta llamar la atención del propio mundo gay -tan dado a lo juvenil- sobre el hecho de que un hombre de 50 años no es viejo, y de otro lado a defender algo que siempre existió en el territorio homosexual masculino, la existencia consentida y buena de parejas de edades disímiles. Como propaganda sale hoy a la venta un calendario donde en cada mes hay una foto de maduros y jóvenes juntos, conocidos o no. Las breves palabras que siguen son el prólogo que el presidente de la Fundación, Federico Armenteros, me pidió para este calendario 2013.)

Desde la Antigüedad griega hasta el fin de ese mundo y luego en los muchos Renacimientos que ha habido, la relación homoerótica más prestigiada fue siempre la que unía a un adulto o mayor con un joven. Se suponía que, dentro de la relación sexual y amatoria, el joven aportaba frescura, amor a la vida, y el mayor madurez y sabiduría. El complemento –consentido- no podía sino parecer lo más noble. Nuestro hoy (que lo abarata y aplebeya todo) ha confundido las relaciones de parejas de edad disimil –muy frecuentes en el ámbito LGTB- con la trastocada “pedofilia” o con la sonrisa entre maliciosa y socarrona que se reserva al “viejo verde”. Como en tantas cosas hemos equivocado y olvidado, no vamos bien.

Un adulto que busca el amor de un joven nada tiene que ver con un violador de niños o niñas. No hay “niños” en estas relaciones. Y lo de “viejo verde” no sabemos la carga que puede conllevar de reprimida envidia. Por eso alguien inventó un pacífico chiste: “¿Quiénes fueron los primeros ecologistas?. Los viejos verdes.” El chiste desarma con sonrisa la calumnia. No se trata de volver hoy al modelo de la pederastia griega (que a su modo siguieron Leonardo o Miguel Ángel) sino de entender que las relaciones, en el ámbito homosexual, entre jóvenes y adultos –repitamos, consentidas- son una realidad muy normal, mucho más frecuente de lo que se supone, y que alientan y estimulan por igual (aunque de modo distinto) a ambos miembros de la pareja. Sabiduría y alegría de vivir, madurez y rebelión contra lo injusto, libertad y respeto a lo diferente, todos esos valores humanistas –y otros más- hallan su mejor expresión, digamoslo claramente, en la relación entre un joven de veinte, por ejemplo, y un maduro de cincuenta. Pero valen muchas más cifras. La sociedad actual no lo entiende, entre otras cosas por oculto puritanismo y muy visible incultura. Este calendario de 2013 lo muestra en buenas imágenes. Doce sólo entre las miles posibles. ¿Por qué no leerlo en tantos libros como lo explican?


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