Imagen de artículos de LAdeV

Ver todos los artículos


Decadencias

«El gatopardo», 50 años

En noviembre de 1958 salió en Italia la novela de un autor desconocido, que inesperadamente para algunos (que la consideraron una novela anticuada, no moderna) se convirtió en un gran “best seller” nacional y muy pronto internacional. Era “Il Gattopardo” de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, un príncipe siciliano que ya había muerto (1896-1957) cuando el libro vió la luz. El responsable de aquella primera edición, que en un prólogo contaba su brevísimo contacto con el autor y cómo le había llegado el manuscrito, era otro novelista italiano, ya desaparecido, hombre entonces de gran prestigio y autor de una novela tan hermosa como “El jardín de los Finzi-Contini”, o sea, Giorgio Bassani. Claro está que no faltó quien creyera (poco tiempo) que Bassani se había inventado a Tomasi de Lampedusa. Luego vino la polémica de si la edición de Bassani era respetuosa al ciento por ciento con el manuscrito original. Más tarde vino la imagen verdadera del culto y secreto aristócrata que había escrito “El Gatopardo” y que dejaba otros inéditos menos notables (aunque algún cuento es excelente y magníficos son sus ensayos sobre literatura francesa) que había estado casado con una psicoanalista, y que creó –la novela está escrita alrededor de 1955- una de las grandes novelas italianas del siglo, contando la historia de una familia noble siciliana, los Salina, durante las guerras del “Risorgimento”, es decir de la unificación de Italia, y sobre todo (es su lado más profundo) la decadencia de los valores aristocráticos, sustituidos por los burgueses, con la idea del príncipe de que todo irá decayendo: “A los gatopardos les siguieron los chacales y a estos les seguirán las hienas, pero todos seguiremos creyéndonos la sal de la tierra.” Hermosa y desoladora, la novela podría parecer un friso decimonónico, salvo que su estilo es plenamente moderno, y ha superado la narratividad ampulosa de antaño. Alguna frase famosa del libro como “Algo debe cambiar para que todo siga lo mismo” era otra señal del lujoso pesimismo aristocrático del príncipe Fabricio di Salina, el protagonista y de su ilustrado sentido de la Historia. Enseguida supimos que un fervoroso lector de la novela fue el cineasta Luchino Visconti (de tantos nexos comunes con Tomasi di Lampedusa) que llevó al cine el texto novelístico en 1963, logrando con su “El Gatopardo” –y la soberbia interpretación de Burt Lancaster- otra obra maestra. Pocas veces cine y literatura (o al revés) han estado tan hermanados. La novela es igual de buena que la película y viceversa. Cincuenta años después de su publicación (y cuando ya disponemos de cabales biografías del autor, como “El último Gatopardo. Vida de Giuseppe di Lampedusa” de David Gilmour) la obra se ha convertido en un clásico de la novela italiana del Novecientos, pero algo más: el tema íntimo del libro –la decadencia de la Historia y el choque brutal entre masificación y excelencia- siguen estando vivos. Aún diría más, el libro puede ser mejor entendido hoy (en nuestra caducidad) que en 1958. Como la meditación del príncipe tras el baile. Imprescindible.


¿Te gustó el artículo?

¿Te gusta la página?