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ALVARO POMBO y «RETRATO DEL VIZCONDE EN INVIERNO»

Alvaro Pombo, santanderino, ya con 79 años largos, acaba de publicar una novela nueva, en todo muy suya, «Retrato del vizconde en invierno» (Destino). Horacio (el vizconde) es un viejo apuesto, que siente su lento declinar. Ha sido un escritor de éxito y un hombre distinguido y peculiar. Tiene una amante más joven -es viudo- Lola Rivas, y dos hijos solteros, en el importante ático de la calle Espalter, una muy buena zona de Madrid. Pombo, diría yo, está en su salsa, porque puede contar y reflexionar. Esos hijos, Aarón y Miriam -la madre era hebrea- resultan contrapuestos. Miriam cuida al padre (con la pareja de servicio) pero entra en relación célibe, con un hombre de iglesia, Ildefonso. Por su parte Aarón -que tiene un amigo joven llamado Lucas Muñoz- y que se quiere ir de la casa paterna, acaba de publicar con éxito, «Espalter» una novela o no sobre la casa paterna con el nombre de la calle noble… Capítulos en general breves, a menudo sorpresivos, bien trabados y diferentes, esta última novela de Pombo se lee muy bien. A mí me ha gustado con amplitud. Pombo presentó en Madrid mi libro «Mamá» a finales de mayo, y cerca y lejos, siempre nos hemos llevado bien…

Cuando Pombo aún vivía en Londres (donde llegó a trabajar en un banco) un entonces amigo común, creo que ahora algo distanciado de ambos, me habló por primera vez, finales años 70 de Álvaro Pombo, que pronto publicaría «Relatos sobre la falta de sustancia» (1977), su primer libro narrativo, después de sus muy olvidados inicios poéticos, «Protocolos» (1973) con prólogo de Luis Felipe Vivanco. Hasta donde sé aquel libro pasó muy desapercibido. Aquel antiguo amigo, me  dijo que Pombo y yo (se disponía a regresar a España) nunca congeniaríamos, porque éramos caracteres distintos. Yo nunca he sido amigo íntimo de Pombo y supongo que no tiene muchos -en una época el filósofo José Antonio Marina, de su misma edad. Pombo es un hombre peculiar y solitario, homosexual y católico o cristiano, conservador y rebelde. Estuve en su entrada en la RAE. No somos íntimos, pero siempre nos hemos llevado bien y hemos tenido felices y divertidas intervenciones a dúo, como cuando presenté su novela «Contra natura» (2005). Su antiguo editor Herralde (ganó ese premio con «El héroe de las mansardas de Mansard», 1984) nos decía que debíamos hacer actuaciones conjuntas, porque éramos ambos facundos y no poco numereros. Pombo ha escrito bastantes novelas de contendido homesexual (me gustó, «Los delitos insignificantes» de 1985) pero él cree que ese tema es, a menudo, tan importante como minoritario. También afirma -o ha terminado afirmando- que un homosexual no puede ser católico, por lo estricto y duro de la jerarquía, pero que sí puede ser cristiano. Otros creen que Álvaro Pombo es un filósofo frustrado, metido a novelista y mucho más ocasional poeta. Es un escritor (muy diferente a Marías, con el que tuvo buena relación antaño) al que le gusta el relato que medita, pero que es relato. Evidentemente le atrae la filosofía y yo lo paso siempre bien con él. Nos divertimos. Escribí (y me invitó a almorzar para agradecerme esa intimidad que pasó en general inadvertida) sobre su novela «Un gran mundo» (2015) que trata en buena medida de una casi olvidada mundana de los años 50, Ana de Pombo, amiga de Cocteau o de Luis Escobar, y que había sido la mujer del abuelo de Álvaro. Hablamos mucho de ella -ya con su nombre- en aquella comida.  Creo que «Retrato del vizconde en invierno» es mejor novela. Aparecen todos los ángulos y modismos de Pombo -lo gay también- y ese regusto por contar y pensar en varios delicados meandros- Espero que hablemos más, Álvaro. Un abrazo y felicidades. Sí, a todos nos va llegando el invierno.Un cierto invierno, cuando menos. Seguiremos comentando muchas cosas. Espalter entre ellas y su propia relación pombiana.


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