Imagen de noticias de LAdeV

Ver todas las noticias


YUKIO MISHIMA 45/45

(Este artículo se ha publicado en El Norte de Castilla).

Me acuerdo  bien del día en que se suicidó (al modo tradicional japonés) Yukio Mishima; yo estaba iniciando mi tercer curso universitario y había leído en italiano “Confesiones de una máscara” (1949) una de las novelas claves de Mishima, que me encantó. En España había todavía muy pocas cosas suyas traducidas y temo que  todas desde el inglés. En Argentina había algo más. Entre lo español estaba “El pabellón de oro”, otra gran novela 19-24604-yukio-mishima-2del autor, que había traducido un aún poco conocido Juan Marsé. Como fuere y pese al escaso conocimiento de la obra, desde hacía poco, se hablaba de un autor muy singular, en parte muy occidentalizado y en parte alguien que buscó preservar la esencia del Japón antiguo y que estaba propuesto para el Nobel. De hecho en 1968 se lo dieron –muchos creían que iba a ser para él- a su maestro Yasunari Kawabata, autor de “País de nieve”.  Era el 25 de noviembre de 1970 y la muerte de Mishima casi ante las cámaras y su forma de morir dio la vuelta al mundo. Es decir, el pasado miércoles hizo 45 años de aquello. Pero pocos han caído no en la efeméride recordada, sino en que Mishima (pseudónimo literario de Kimitake Hiraoka, 61pVb8EE+FL._SL1024_nacido en 1925) tenía en el momento de suicidarse también 45 años. Parecía gimnasta y fuerte, pero la ingente cantidad de obras que escribió (algunas muy cuidadas y otras populares “pane lucrando”) hacía difícil considerar que fuera tan joven.220px-Yukio_Mishima

Desde hacía años, amado y odiado, Mishima participaba en muchas polémicas. Discutió en la Universidad de Tokio, en 1968, con los izquierdistas más radicales, al tiempo que creaba una sociedad paramilitar llamada “Tatenokai” (La sociedad del escudo) cuya misión simbólica era dar la vida por el Emperador. De algún modo, defender las esencias del Japón tradicional, el que –en alguna medida- salió derrotado en la 2ª Guerra Mundial, pese a los jóvenes pilotos kamikaze que estrellaban sus aviones contra los acorazados yanquis que se iban acercando a Japón. El joven estudiante Mishima pudo haber sido uno de ellos, pero su frágil salud y su aire enfermizo le valieron ser rechazado para la misión.

Otoko: Photo-Studies of the Young Japanese Male by Yato, Tamotsu

Mishima no se lo perdonó íntimamente nunca y por ello, tras una etapa inicial de joven escritor decadente, se transformó tras quince años de gimnasio en un hombre de aire culturista, con evidente culto al cuerpo y además en un experto en kendo, el arte japonés de la esgrima.  En los años sesenta se dejó hacer fotos casi desnudo y con una katana al lado, en una actitud que no por guerrera o machista dejaba de ser menos decadente. De hecho si hay un autor occidental que puede asemejarse a Mishima o al revés –pues el c00e3ba4c559c0c2ab3e2749c40f17ecitaliano era mayor y no se suicidó pese a  su fascismo operetesco- es a Gabriele D’Annunzio.  Entre los jóvenes del “Tatenokai” estaba el que muchos tenían como amante o favorito de Mishima y que murió con él, Masakatsu Morita. El Ejército japonés  (en realidad reducido por la guerra, era entonces las “Fuerzas de Autodefensa del Japón”) solía ver con buenos ojos ese camino e5d60d7c7a512183e7fc7a9fd22a25f1tradicionalista del escritor. De hecho por eso la mañana del 25 de noviembre fueron recibidos, uniformados, por el general Kanetoshi Mashita, que era el comandante en jefe de esas Fuerzas de Autodefensa. Antes de la visita –que sería su teatral final- Mishima que se decía agotado, había terminado su última novela, “La corrupción de un ángel” que envió esa mañana al editor, cerrando la tetralogía llamada “El mar de la fertilidad.” Mishima llevaba una hermosa katana antigua que supo apreciar el general Mashita, antes de que lo tomaran como rehén amordazado. Nadie se movió, pues la vida del general estaba en juego y Mishima sólo había pedido poder japanese_guys_640_16arengar a la tropa de ese Cuartel General desde la terraza del despacho.  Mishima salió uniformado y con la banda de los samuráis en la frente y comenzó una arenga (que apenas se oyó, pues la tropa silbaba y abucheaba) hablando de la necesidad del sacrificio por la tradición y el Emperador. Cuando el escritor vio que nada podía hacer, volvió a entrar, cerró, y decidió que comenzara el “seppuku” delante del general atado. Mishima lo había ensayado muchas veces. De rodillas y desabrochándose  guerrera y camisa, busca el punto del vientre donde él mismo se clavará la espada corta, produciendo la eventración; como esa muerte es larga y dolorosa, un amigo procede a cortarle la cabeza de un tajo con una afilada katana –la espada grande- y así acorta el sufrimiento. El favorito Morita era quien debía hacerlo, pero le faltó arrojo y fue otro de los miembros de la “Sociedad del escudo”, más mishima (1)fuerte, quien decapitó finalmente tanto a Mishima como a Morita. Todo acabó. Y la televisión había trasmitido la arenga en la terraza y los periódicos del mundo dieron cuenta de todo, llegando a publicar después la  foto de la cabeza cortada de Mishima…mishima

Decían (dicen) muchos que la vida del escritor había eclipsado a su obra. No es cierto, su obra está hecha con los parámetros de su vida –como quería el decadentismo simbolista- y una y otra se mezclan, como se mezclaron en un hombre que aunque casado tuvo siempre fuertes sentimientos homosexuales, que aunque muy moderno amó su tradición y que se batió en una inmensa panoplia de contradicciones, siempre singular y brillante. m-sAunque no le guste a Murakami  (porque es su opuesto y más radiante) Yukio Mishima es uno de los grandes del siglo XX. En vida confundida con obra.  Ver su ensayo “El sol y el acero” o las dos últimas importantes entrevistas que concedió –  “Últimas palabras de Yukio  Mishima”- que acaba de publicar Alianza.  Un entrevistador le dice: “Realmente, no he sentido ni un segundo de otoko-018.previewaburrimiento leyéndote.”Otoko-066goh_mishima


¿Te gustó la noticia?

¿Te gusta la página?