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VUELTO LENTAMENTE

Esta mañana me han dado el alta en el sanatorio donde casi he estado una semana por motivos urológicos. Ya he  vuelto a casa y aunque los postoperatorios son pesados (y más cuando uno está esencialmente solo) volver, retornar a lo íntimo importa mucho…

Sigo sintiendo -vuelto poco a poco a lo usual- no poder acompañar a mi libro «Las caídas de Alejandría» en su marcha promocional que está haciendo sin ayudas. Y ninguna mía. He vuelto a casa desde el horror y la extraña sordidez de una clínica, hospital o sanatorio, por buenos que sean y por bien que te traten. Son sitios horribles, donde alguna vez uno desea morir y terminar. He vuelto, estoy volviendo (no puede ser deprisa) a mis trabajos literarios y a lo mucho que me ha quedado por hacer. Pero entre el mundo oscuro, me acordé que hace unos días (el 13 de noviembre) Jaime Gil de Biedma, gran poeta y amigo de mucha noche, hubiese cumplido noventa años. Pero no existe la imagen del Jaime viejo -que le hubiera gustado muy poco- porque murió con 60 años. Todos mis muchos recuerdos de Jaime -el último año no lo vi, porque me contaron que la enfermedad ya era visible, y él se quedó entre dos mujeres, una la delicada y añorada Ana María Moix, que me lo detallaba luego- son recuerdos de noche, vitalismo y lujuria, llevada con enorme mundanidad. Algunos no cayeron en que el «flash» de mi librito, «Retratos (con flash) de Jaime Gil de Biedma», era una mera referencia a la noche, a nuestras abundantes complicidades  nocturnas, porque yo vi a Jaime mucho más de noche que de día.

También he vuelto a Unamuno -me gustó la película de Amenábar- y al desolador panorama de la Guerra Civil española, con las notas y textos dolientes que el rector salmantino dejó inconclusos a su muerte. «El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la Revolución y guerra civil españolas», reeditado por Pre-Textos en la magnífica edición -llena de sabios comentarios- de Colette y Jean-Claude Rabaté. Un libro muy recomendable, con pocos textos de Unamuno (era un proyecto) pero mucho saber sobre Don Miguel y el drama de España. Unamuno parecía mayor, viejo. Jaime que se creyó viejo apenas traspuesta la juventud, vienen a ser dos polos diversos y tentadores. He vuelto. Despacio, algo melancólico, deseando el calor de los amigos. He vuelto para estar mejor y odiar -de lejos- los hospitales. Gracias a todos.


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