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A VUELTAS CON LOS CLÁSICOS

(Este artículo se publicó en El Mundo)

Parece que a medida que las antaño prestigiosas humanidades y entre ellas, como cetros básicos, el latín y el griego, van desapareciendo de nuestras aulas, un signo más de la maldad de los tiempos, hay más gente que a nivel particular, individual, siente curiosidad (o más)  por lo que fue Grecia Y Roma, fundamentos –y mucho más- de nuestro Occidente. Sin pretender la menor exhaustividad diré algunos libros aparecidos en los últimos tiempos, además de reediciones varias en bolsillo de Platón o de Plutarco. “Atenas: el esplendor olvidado” de Javier Murcia Ortuño, “Elogio del politeísmo” (habla sobre todo del politeísmo clásico) de Maurizio Bettini , “El mundo clásico: Una breve introducción” de Mary Beard y John Henderson, o “Diez lecciones sobre clásicos”-entre la Ilíada y Roma- de Piero Boitani, todos ellos –como las reediciones de autores grecolatinos- en Alianza. Y en otro tono (pero además bilingüe) en Renacimiento:  “Epigramas eróticos” de Marco Valerio Marcial o “Vestigios de la antigua llama” que es una selección de fragmentos diversos de Virgilio, Horacio y Ovidio traducidos por Vicente Cristóbal, ensayando modos diversos de trasladar.  Quien lea este muy somero catálogo (hay más, claro) dudará de la crisis en las humanidades, cuando curiosamente estos tomos son la muestra del interés individual ante el abandono oficial que tantos hemos deplorado…

Uno de los viejos temas de muchos autores clásicos, con una moral pagana mucho más libre que la cristiana, era cómo traducir a autores griegos y latinos juzgados prácticamente pornográficos. Recuerdo una edición decimonónica de las “Bucólicas” de Virgilio, donde el famoso primer verso de la Bucólica II –tan cara a Gide- “Formosum pastor Corydon ardebat Alexim, esto es “El pastor Corydón ardía por el hermoso Alexis” (hasta Fray Luis de León lo respetó) se convertía en “El pastor Coridón ardía por la hermosa Galatea”. Y yo me decía, al menos podrían haber puesto Alexia, porque Galatea –nombre bucólico, sí- nada tiene que ver con Alexis. Pero estos casos se multiplicaban. Juan Valera, que amaba en verdad el orbe griego, en su traducción de “Dafnis y Cloe” de Longo , tiernísima y bella novelita, cercenó escenas eróticas y suspendió alguna referencia homoerótica, es decir que pese a tanto amor, traicionó el espíritu helénico. ¿Qué decir de “El Satiricón” la gran novela de Petronio, a la que yo homenajee en “La nave de los muchachos griegos”, o de Catulo, durante años con poemas intraducibles por su soltura erótica o no digamos de nuestro paisano Marcial, de Bilbilis, la actual Calatayud, erótico y satírico con descaro? Hemos tenido que esperar hasta hace bien poco para leerlos bien, como “La Musa de los muchachos”, libro XII de la “Antología Palatina” –en griego- que yo traduje en 1980… Por cierto que uno de los encantos  de los “Epigramas eróticos” de Marcial publicados por Renacimiento, es que rescatan una olvidada  edición de 1910 obra de Miguel Romero Martínez –que luego participó en el ultraísmo sevillano- y que hizo para su tiempo una edición lo más fiel posible.  Juzguen: “Tu esclavito duélese de la méntula; tú, Névolo , del trasero. No es necesario ser muy lince para adivinar tus aficiones”. Méntula hoy es un cultismo por “verga” y donde dice trasero, Marcial no dudó en escribir “culo”. ¿Hace falta más?   ¡Qué sugestivo y moderno era ese mundo que nos roban!


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