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VUELTA A CATULO

(Este artículo se publicó en El Norte de Castilla)

Dije una vez que Cayo Valerio Catulo – Gaivs Valerivs Catullus- uno de los grandes poetas latinos que nos han llegado, fue acaso (sacando a la palabra de su contexto, obviamente) uno de los primeros “malditos”. Tuvo una vida feliz, turbulenta y disipada, era de una buena familia de Verona, y murió en Roma, en los tiempos finales de la República romana, con 30 años, más o menos.  En su útil colección de Poesía Portátil, Radom House publica, con el simpático título de “Esas manitas fuera” una antología de la poesía de Catulo, de sus “nugae” (fruslerías, como dijo él mismo) en una nueva traducción -por supuesto hay muchas- de Rosario González Galicia. Catulo fue un epigramatista y un elegíaco culto, que perteneció a ese grupo de jóvenes poetas latinos admiradores de Calímaco, de Alejandría y del helenismo, que Cicerón -sobre el que Catulo tiene un epigrama dulciamargo- llamó “neóteros” -neoteroi- es decir nuevos o modernos, pero en palabra griega, diríamos para darles gusto a los interesados, con un puntico de ironía.  Catulo escribió cultos epilios al estilo alejandrino, como “El rizo de Berenice”, pero lo mejor de su obra son esas “bagatelas” donde habla de amor -femenino y masculino- y de la vida romana más vulgar o de grandes personajes (como Julio César, amigo de su familia) al cual trata de marica. Pero ¿cómo hace eso si escribe a la vez tiernos poemas de amor a un jovencito llamado Juvencio? Porque, dentro de la normalidad homoerótica, Catulo ama a efebos -lo que establece la tradición helena- mientras que César, al parecer, no hacía ascos a nada. Podía ir con hombretones y eso rompía una norma, al menos de buen gusto…

Catulo usó palabras cultas y expresiones populares y aún de germanía, voces que los adustos biempensantes tuvieron durante siglos como impropias, lo cual hizo que la gran mayoría de las muchas traducciones de Catulo fueran cojitrancas, porque nadie decía que Mentula (usado como nombre propio) significa también Verga, entre tantas otras supuestas obscenidades. Yo fui uno de los primeros en español que en mi libro juvenil “Catulo” -1978- traduje las palabras malsonantes. Luego vinieron otros y quizá mejores. Las traducciones antiguas (a veces hechas por notables latinistas) son alicortas. En esa línea -principalísima para leer bien a Catulo, amante de Lesbia y de Juvencio- la traducción de González Galicia, a ratos algo libre pero eso habiendo tantas traducciones no es gran defecto, juega con momentos en que se contiene y momentos atrevidos.  Es famoso el verso “pedicabo ego vos et irrumabo” (como castigo a los que hablan mal del poeta) en las traducciones antiguas, la más atrevida dice que si no callan “os daré a probar mi virilidad”. Nuestra nueva traducción: “Os voy a dar por el culo y me la vais a mamar”. La traducción exacta -quizás alguno se escandalice todavía, estamos fuera de contexto- sería: “Os follaré por el culo y por la boca”. No, no es pornografía. Es Catulo, uno de los más vivos poetas de Occidente, con más de veinte siglos.


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