TOMAS TRANSTRÖMER: IN MEMORIAM.
(Publicado como obituario en el diario El Mundo)
Confieso que cuando en octubre de 2011 supe que la Academia Sueca había otorgado el Premio Nobel de ese año a un compatriota suyo, psicólogo y poeta, Tomas Tranströmer, no tuve otro remedio que decirme que no lo conocía de nada. Es cierto que, salvo muy grandes nombres (Ibsen, Strindberg, Lagerlöf) la literatura de los países nórdicos -no sólo de Suecia- es generalmente mal conocida en España. Recordaba a un gran poeta sueco moderno que me gustó mucho, Harry Martinson, pero nada de Tranströmer. Hasta que caí en el recuerdo de un texto del poeta ruso/americano Joseph Brodsky en el que
declaraba haber copiado algunas metáforas e imágenes “a un psicólogo sueco llamado Tranströmer”. Eso era. No me engañaba y supe que había leído en páginas de Internet poemas de Tranströmer traducidos por latinoamericanos, el uruguayo Roberto Mascaró que fue amigo de Tomas en Estocolmo y lo tradujo al español o el chileno Omar Pérez Santiago. Pero nada en España.
Tomas Tranströmer (lo ví en televisión) me pareció un hombre bastante avejentado y delicado si había nacido en Estocolmo el 15 de abril de 1931. Tenía entonces 80 años pero aparentaba más. Las noticias confirmaron mi impresión, pues en 1990, Tranströmer -ya muy notorio poeta en su país- sufrió un ictus que le afectó seriamente al habla, pero
no a la escritura. Aficionado a tocar el piano, tuvo que aprender a hacerlo sólo con la mano izquierda. En 1956 y en su ciudad natal se había graduado en Psicología, Historia de la Literatura e Historia de las Religiones. Para entonces sin embargo (poeta precoz) ya había publicado su primer libro “17 Dikter” (17 Poemas). La poesía de Tranströmer fue inicialmente acusada de apartarse mucho de la tradición nacional, y dejarse llevar por la modernidad anglosajona (Pound, Auden) o incluso por elementos expresionistas o surrealistas. Sin duda eran críticos poco lúcidos porque en los pasados años 50 todos esos movimientos estéticos formaban ya parte de la moderna tradición. Hasta 1990, Tranströmer fue un poeta relativamente prolífico. Cito algunos títulos. “El cielo a medio hacer”, 1962 (traducido en España por Nórdica), “Senderos” en 1973, “La Plaza salvaje” en 1983, “La góndola fúnebre” 1996 (ya tras la hemiplejia) y luego en 2001, “Haikus y otros poemas” o su gran libro final, “Deshielo a mediodía” de 2011, traducido también en Nórdica. Claro es que como suele ocurrir fue la concesión del Nobel la que propició esas traducciones: Hiperión publicó “Para vivos y muertos” y Visor una antología titulada “Bálticos y otros poemas”, casi todos libros aparecidos en 2012. Tranströmer es autor también de un libro de memorias (1993), “Los recuerdos me miran”, y de una compilación de su obra con el
título de “Gran Enigma” (2004). En Suecia y en Alemania había recibido notables galardones como los premios Bonnier o Neustadt, pero el Nobel sería su gran catapulta, no es raro y menos en poetas. Fina y acerada sensibilidad trascendente que puede apreciarse en este haiku: “Vidas escritas:/ la belleza persiste/ como un tatuaje.” Delicado hace mucho tiempo, ha muerto en Estocolmo el 27 de marzo de 2015, todavía con 83 años. La poesía no merece ser tan secreta.
¿Te gustó la noticia?
¿Te gusta la página?
