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TENNESSEE WILLIAMS (Poema inédito)

A mí me gusta recordarlo cuando lo conocí, en la final primavera

de 1973 y en Tánger. En el viejo bar de El Minzah, fumando

cigarrillos mentolados y bebiendo vino blanco… Era un hombre

mayor, con gafas, bigote y arrugas y aquella enorme cordialidad

en su francés peculiar que descendía, de pronto, a sótanos

de tristeza, de pérdida, subterráneos donde nadie acompaña

a nadie. La foto la hizo Emilio Sanz de Soto, feliz, muy contento…

Tennesse era un ser sublime abrumado por la vida

y empeñado en subir de nuevo la montaña de la Felicidad.

Cansado y vivo, deprimido y eufórico, al borde del precipicio

y de esa piscina azul en la que nadan los muchachos lindos.

Los críticos se empeñaban en decir que sólo vivía su leyenda

y él escribía para demostrar que la escritura va más lejos …

¿Se llamaba Larbi el chico? Con los ojazos negros y el bozo crecido.

Ese es mi Tennessee. El que me animó a seguir siempre. El que

me  agradeció, fuera de toda vanidad, que alabara sus versos

(que pocos conocen) y “De repente, el último verano.”

El que dijo: “Dear, le gusta el chico? Je le trouve magnifique…”

Claro que son mejores las fotos de los 40 y 50, cuando

vio desnudo a Brando y a Dean y prefirió a los otros…

¿Recuerdas? El artista, cigarrillo en la boca y en la mesa una

botella de “Four Roses”, mira a la máquina entre humo y bruma,

porque su escritura debe ser bajada a la belleza y al abismo,

más allá del abismo… Es el Tennessee maldito de la búsqueda

de ángeles nocturnos, de las mujeres sublimes y propias  de

“ Un tranvía llamado Deseo” . Princesas como Blanche, ninfómana.

El artista que posa en un sofá de seda, con larga boquilla

de marfil y pajarita de color corinto. El marginal, el buscador

de perversión refinada, el lírico de la locura, el esteta decadente

que se fascina entre gigolós caros y mujeres que no desean estar

solas… ¿Como la señora Stone, aquella primavera…? Yo también

arrojé las llaves del palacio, desde la terraza, al hermoso y oscuro

sureño  que me permitiría no dormir sola… Tampoco en la muerte

se está a solas.  Tennesse de la alegría de vivir y  la caída de

todos los Ícaros. Rey del mar del derrumbe, capitán de los gozos

secretos… Tennessee en Tánger, veinte años después, cansado

y vivo, diciendo, entre euforia y tristeza: “Bonito chico, sí, bonito.”

Sabía que vivir nunca es fácil y morir tampoco, aunque no asuste.

Por ello, sigamos, sigamos, alguien vendrá a ayudarnos, alguien vendrá.

Seguro que usted, como yo, cree en la bondad de los desconocidos.

¿Cierto? La vida es  larga penumbra  y una sola noche de incendio


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