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SONETO DE GÓNGORA

Que el cordobés Luis de Góngora (1561-1627, quien usó el apellido materno antes que el paterno, según el uso actual se hubiese llamado Luis de Argote y Góngora)  fue un poeta genial y un portento del verbo es harto sabido, aunque supere su propio tópico. En honor de mi querido Pablo García Baena -que hace unos días cumplió un año de muerto y que fue siempre devoto gongorino- y aconsejando un libro de mi sabio amigo José María Micó, “Para entender a Góngora” (Acantilado, 2015) quiero reproducir hoy uno de los muy espléndidos sonetos de Góngora: “De la brevedad engañosa de la vida”. Sí, la vida es breve y dura a menudo y se nos va de entre los dedos, pero constatando el rigor de la elegía, quiero decir también que el soneto ocultamente celebra el momento que es juventud, porque si la vida se va, hay que atrapar (“carpe diem”) el momento huidizo, la flor juvenil, que Góngora supo cantar tan bien…

Menos solicitó veloz saeta

destinada señal, que mordió aguda;

agonal carro por la arena muda

no coronó con más silencio meta,

que presurosa corre, que secreta

a su fin nuestra edad. A quien lo duda,

fiera que sea de razón desnuda,

cada sol repetido es un cometa.

Confiésalo Cartago, ¿y tú lo ignoras?

Peligro corres, Licio,si porfías

en seguir sombras y abrazar engaños.

Mal te perdonarán a ti las horas,

las horas que limando están los días,

los días que royendo están los años.

LUIS DE GÓNGORA (Soneto escrito el 29 de agosto de 1623) 


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