Imagen de noticias de LAdeV

Ver todas las noticias


RELECTURA DE «HARMONIUM» DE WALLACE STEVENS

El poeta cordobés José Luis Rey, tuvo la gentileza de enviarme hace un mes, su traducción, en edición bilingüe, del célebre primer libro del norteamericano Wallace Stevens (1879-1955), el libro titulado “Harmonium” que se editó por vez primera en 1923, y que ahora ha sacado la editorial Reino de Cordelia. Stevens, que veraneaba en Florida, su anual “viaje al verano”, fue un oficinista abogado con una vida personal que él mismo calificaba de gris (casado y con una hija) siempre en la ciudad de Hartford, y cuyo escape fue una poesía bella, imaginativa   -eclosión del reino de la imagen- y que en sus inicios y en realidad siempre, estuvo vinculada, con su peculiar manierismo, superficialmente afrancesado, al movimiento “moderno”, a la modernidad de la lírica anglosajona, cuyo santón sigue siendo T. S. Eliot, pese al vuelo hermoso de Ezra Pound. Esta edición de “Harmonium” está enriquecida con los añadidos del autor en 1931, nada muy diferente.

Stevens está muy traducido al español, aunque las versiones bonitas donde yo lo descubrí muy joven (bilingües también) se deben al poeta argentino Alberto Girri. Y a una antología, “Poemas de Wallace Stevens” que se editó en Buenos Aires en 1967 y que yo compré en Madrid en 1971, con diecinueve años. Mis apasionadas lecturas del refinado y moderno Stevens son visibles en mi segundo y tercer libro de versos, algo en “Syrtes”, escrito en 1972, y mucho más en “El viaje a Bizancio”, terminado en 1974, aunque sólo se editó regularmente en la primavera de 1978, de la mano de Antonio Gamoneda. Yo adoraba el sutil refinamiento de Stevens y en esos años me fascinó. Por eso llegué a comprar (y conservo) la primera edición de “Harmonium” en inglés, en un curioso ejemplar que Carmen Baroja regaló dedicado a María de Maeztu, en 1924. Muy pocos de los en general apasionados y generosos lectores de “El viaje a Bizancio” notaron la vinculación con Wallace Stevens, señalada en una cita explícita, y visible en algún que otro intertexto.

Cierto que el Stevens final (más denso, acaso más hondo) el de “Auroras de otoño” -1950- por ejemplo, me gustó siempre menos que el fantasioso, elegante e imaginativo de sus inicios. He releído la buena versión de Rey con placer y renovada curiosidad, pero ay, aquella magia con que me envolvió a mis 20 o 22 años, ha desaparecido casi por entero. Sin duda “Harmonium” es un libro de mucha calidad, y muy novedoso en 1923, pero hoy casi cien años después, temo que sea meramente un clásico de la modernidad, brillante y notable, pero viejo. He visto muchas intrascendencias, algún fárrago -en los pocos poemas muy largos- y un exceso de hoy innecesario hermetismo- Un gran libro, en suma, envejecido. Porque hoy lo nuevo no es ya aquella modernidad y yo valoro más el uso renovado de la tradición, que los pirueteos modernos e

imaginativos, con sus elegantes toquecitos franceses. Quizá todo sea más fácil, Stevens dejó su fruto en mi siendo yo muy joven y hoy deja muy poco al hombre mayor que soy. Agradezco su enseñanza y no dudo de que estoy ante un gran poeta de la imagen y la imaginación, pero el rebuscado hermetismo parece innecesario. Grande Wallace Stevens. Mucho lo estimo y agradezco, pero en mí ya dio su fruto. Seguro que otros pueden y deben descubrirlo todavía. “Pues la muerte es la única madre de la belleza.” Y también: “El mundo es feo/ Y las personas tristes”. O lo suyo: “El único emperador es el emperador de los helados”. Vale.


¿Te gustó la noticia?

¿Te gusta la página?