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RECUERDO DE RAMÓN DE CAMPOAMOR

Entre los poetas notorios de los que el pasado año de celebró (con no mucho estrépito) el bicentenario de su nacimiento, estaba José Zorrilla y el asturiano Ramón de Campoamor , sólo unos meses más joven que el vallisoletano. Ramón de Campoamor nació en Navia  en 1817 y murió (y está enterrado) en Madrid en 1901. Al morir, Campoamor tenía 83 años, edad muy respetable en ese momento. Aunque a su muerte (en pleno éxito del modernismo) Campoamor parecía un poeta ya anticuado y para muchos ripioso, Campoamor había sido un prohombre de su época y un poeta muy popular, precisamente -según algunos- por esos ripios facilones, pero a la vez fruto de su enorme facilidad para el verso. Ejemplo célebre: “Las hijas de las madres que amé tanto/ me besan hoy como se besa a un santo.”. Otro famoso (y que explica el éxito de Campoamor) quiere que en una reunión literaria, alguien preguntara al asturiano: ¿Hay rima para “baila” ? A lo que Campoamor contestó al pronto: “Hayla, hayla”.Campoamor además de poeta e intelectual, se dedicó a la política. Desde 1850 fue Gobernador civil de Castellón, de Alicante y más tarde de Valencia, cuando ya era diputado en el Congreso. Se había casado en 1847, con una dama de cercano origen irlandés, Guillermina O’Gorman.  Y desde muy joven se dedicó al teatro con “La mujer generosa” de 1838, aunque no fue su principal fuente de éxito, como tampoco sus múltiples ensayos como “La metafísica y la poesía ante la ciencia moderna” o “Sócrates” o una notable “Poética”. El éxito campoamoriano viene de una poesía fácil pero facunda, que aunque desdeñada al final de su vida, tuvo mucho éxito, y que reivindicó nada menos que Luis Cernuda, al ver en Campoamor (después de Espronceda) a uno de los introductores del moderno coloquialismo en español.  Sus libros más conocidos y celebrados fueron -entre muchos- “Doloras”  (1846), “Pequeños poemas” (1874) y “Humoradas” (1886).  Sus “Obras completas” se editaron algo después de su muerte, en 1903.  El mismo Campoamor aclaró el significado de sus poemas más propios: “Qué es una humorada? Un rasgo intencionado. ¿Y dolora? Una humorada convertida en drama. ¿Y Pequeño poema? Una dolora amplificada”. Hay que revisar a Campoamor. Tenemos demasiada propensión a olvidar nuestro pasado. Campoamor fue miembro de la RAE desde 1862. Nadie desdeña en Inglaterra, digamos a Tennyson, muy poco querido por los modernos.  Vaya una muestra de nuestro Campoamor, fácil y estupendo: “¿Qué fue de tu hermosura?/ ¿Qué fue de mi terneza?/De la flor que te di, dime, ¿qué ha sido?/  Perdióse la flor pura,/ lo mismo que (¡oh tristeza!)/ mi amor y tu hermosura se han perdido./ En el mundo es sabido/ que, sin que uno se acuerde,/ todo se pierde, ¡oh Dios!, ¡todo se pierde!” Campoamor. Estudiar sus contrastes.


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