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Recuerdo a Luis Berlanga

Vi cine de Berlanga  -o García Berlanga- desde que era niño. Supongo que entonces no lo entendía bien. Y en la adolescencia, pluralmente cosmopolita, “Bienvenido Mr. Marshall” me parecía en exceso española… Entendí que Luis G. Berlanga era uno de nuestros grandes hacedores de cine, pero demasiado “nuestro”. Creo que fue con “Grandeur nature” cuando empecé a ver a Belanga de otro modo: transgresor, irónico, burlón, rebelde. Disfruté enormemente esa delicia que es “La escopeta nacional”, porque además conocía ya a Luis Escobar. A los Berlanga los conocí por turnos: A Jorge, el periodista, en las sempiternas noches de las barras de aquellos bares. Luego a Carlitos (hablé bastante con él) en aquellos mundos marginales y excelsos que fueron “la movida”. Carlitos hizo las letras mejores. Todavía hay quien vive de ellas.  En una comida literaria coincidí con el gran Luis. Me saludó muy efusivo: “Me dicen mis hijos que sois buenos amigos”…

Supongo que, en ocasiones, lo personal aclara e ilumina. Yo admiraba ya a Berlanga pero lo seguí entendiendo mejor, siempre en su rebelión radical. “La vaquilla” no es una comedia aunque vista ese traje. Es una espléndida película trágica sobre la obtusez española. “Todos a la cárcel” es un puro grito con el que Luis se adelantó a tantas miserias actuales. (¿Qué dirías, ay, de la miseria y el deshonor en que vivimos todos?) Y “París-Tombuctú” (entre otras muchas cosas) sobrecoge por ese cartel final: “¡Tengo miedo!” Excelente Luis. Grande de verdad. Me echo en cara no haberte entendido bien cuando yo era joven. Lo compensé con entusiasmo. Y tú me dijiste una noche en Barcelona -1999- que lo entendías. Eras parte del jurado del premio de narrativa erótica “La sonrisa vertical” que aquel año se otorgó a mi doble novela “El mal mundo”. Fuiste el primero en felicitarme, cenamos juntos, reímos, comentamos y apostillaste: “Me ha gustado mucho tu libro y a mi hijo Carlos le va a encantar”. Éramos amigos. Lo fuimos más. Coincidimos en almuerzos y cenas. Eso ya da igual. Yo había aprendido y refrendado que fuiste un director de cine y un personaje genial. Pusiste humor para tapar la sordidez, y con sonrisas hablaste del daño radical… Eso. Genial.


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