Imagen de noticias de LAdeV

Ver todas las noticias


RECUERDO DE JOAN MARGARIT

Creo que apenas supe nada de Joan Margarit (nacido en 1938) hasta que en 1995 hicimos juntos un viaje literario a Buenos Aires. Él leía como buena preparación los poemas de Alfonsina Storni, y ya era amigo de un -entonces- amigo común. Testigo y cómplice de esa amistad mía con Margarit, fue el gran Emilio Lledó, a quien yo sí conocía de antes. Los tres hablamos mucho de poesía y de vida, y brotó natural una relación entrañable, basada en la belleza pero asimismo en el daño que nos había causado la vida. Yo conté cuando sufrí acoso en el colegio, por alumnos o compañeros bárbaros de veras. No lo he olvidado. Lledó nos narró el enorme daño de su viudedad; quiso tanto a su mujer (se quisieron) que prometió que tras la muerte de ella, no habría otras mujeres en su vida. Y Margarit -arquitecto y poeta- narró la enfermedad degenerativa de su hija Joana, y como el ayudarla,le había tornado un hombre distinto, y así era. Más que Lledó y que yo, Margarit pareció los bastantes años que nuestra buena amistad duró, un ser, un hombre tremendamente sensible, piadoso (no de religión) y lleno de bondad. Margarit, que de muchacho había vivido dos años en Tenerife, como muchos poetas de su generación empezó (en 1963) a escribir poesía en español. Digámoslo con él, toda esa poesía de su primera época vale poco, por lo cual era un poeta básicamente desconocido. El único libro que salva de esa etapa, únicamente en español, es el último, «Crónica» de 1975. Luego comenzó a escribir en su lengua materna, el catalán, y de ahí sale el Margarit mejor, que curiosamente se pule y eleva con la edad. Margarit es uno de los pocos poetas (también le pasó en parte a Caballero Bonald) que es mejor poeta -en líneas generales- en la senectud que de joven.  A partir de 1990, con el libro «Edad roja», Margarit empieza a ser traducido al español, y muy pronto él mismo hace esas traducciones -en ediciones bilingües- y pronto no traduce, sino que recrea (rehace ) en español sus poemas originalmente en catalán. Y llegan libros que, en general, van subiendo el listón: «Els motius del llop» (Los motivos del lobo), 1993, «Estación de Francia» (1999), donde me dedicó un poema que algo me emparejaba con el daño de Wilde, y luego «Joana» (2002), el libro terrible a la muerte de aquella hija que le cubrió de bondad, «Casa de misericordia» (2008), «Misteriosamente feliz» (2009) o -no es el último- «Amar es dónde» de 2015…

Poeta directo, sabio, y lleno de emoción no tengo duda ninguna de que Margarit es un gran poeta y nada me importa (al contrario) decirlo y sostenerlo: Un muy buen poeta en catalán que se autoversiona -bien- al español. Luego hay dos temas distintos que voy a decir, pero el primero es muy privado y debo rogar que nadie entre en él, porque nos concierne a él y a mí y a muy pocos más, y el resto hablaría inútilmente desde la ignorancia. A partir  de 2010 y con algún respiro cálido, nuestra amistad empezó a alejarse. Creo que se debe -en parte al menos- al alejamiento  con un amigo común, persona muy discutida, pero a la que Margarit (no yo) debe muchos apoyos en el ámbito hispanohablante. A la vez fui notando que aquel Margarit, tan enormemente cariñoso de nuestros inicios fecundos, se iba tornando un hombre más duro, menos humanamente sensitivo, quizá cuando (siempre a medias) Margarit tenía la tentación de apoyar el independentismo catalán, algo que ha hecho y no ha hecho a la par. Ayer declaró que a sus 80 años -81, da igual- no hablaba de independentismo. Se retiraba. He dicho (y nada importa repetirlo) que aunque a mí el ser humano Joan Margarit me ha decepcionado un tanto, eso no obsta para que sea un notable o muy notable poeta. Por eso el Premio Cervantes ha premiado a un alto poeta (aunque dejando de lado a Francisco Brines) pero ese premio a un buen poeta que escribe en catalán y se autoversiona en español, ese premio sin duda merecido y válido, no por eso deja de ser un premio político -a los jurados del Cervantes los nombra indirectamente el Gobierno, yo lo fui un año, propuesto por el director de la Biblioteca Nacional, el año que se dio al colombiano Mutis- premio político,digo, con el intento vano (porque esa gente no hace caso a la poesía o sólo breves minutos) de pretender, además, contentar al independentismo catalán, cosa que no creo hayan logrado. Premio político y temo que inútil (ojalá me equivoque) que premia, eso sí, a un alto y notable poeta bilingüe, que merece un alto galardón de poeta sin más, y que muchos años fue un buen amigo. Se alejó, nos alejamos. Yo no termino de saber por qué, aunque algo sospeche.- Como sea, Joan, de cerca y lejos, vayan a ti mis muy merecidas felicitaciones. Las circunstancias -aquí- no son la buena poesía.


¿Te gustó la noticia?

¿Te gusta la página?