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Recuerdo de Wilhelm von Gloeden.

Desconocido (o sólo sabido por iniciados) durante mucho tiempo, hoy sabemos que el Barón alemán Wilhelm von Gloeden (1856-1931) fue un gran artista, evidentemente homosexual, que abrió los caminos del desnudo masculino joven en una fotografía, por primera vez considerada como arte.

Nació en Mecklenburgo, en el norte de Alemania, y estudió arte y pintura en Berlín y después en la Academia de Arte de Weimar. Su mala salud (padecía un inicio de tuberculosis, de la que se curó) y su deseo de seguir los pasos del poeta romántico von Platen, lo llevaron al sur de Italia, donde llegó a fines de 1877. Primero estuvo en Nápoles -donde ya vivía el barón Von Plüschow, su primo, otro fotógrafo más atrevido- para pasar ya en 1878 a Taormina, en la costa de Sicilia, bajo el Etna, que entonces (con sus ruinas de la antigüedad, la Tauromenium romana) era tan solo una aldea de pescadores. Al principio Von Gloeden comenzó a pintar, pero pronto descubrió las posibilidades de la fotografía y la belleza de aquellos precoces muchachos del sur, a los que retratará múltiples veces, a menudo componiendo “escenas antiguas” y alguna vez con poses de algún cuadro famoso. Pronto el arte de Von Gloeden empezó a ser un secreto a voces y acudió a algunas exposiciones fuera de Italia. En su casa de Taormina, donde vivía con uno de sus modelos, un chico de ojos grandes y negros, llamado Pancrazio Bucini (1879-1963) pero al que llamaba “Il Moro”, pasaron poetas, escritores y personalidades diversas, desde la poeta simbolista rusa  Zinaida Hippius que se enamoró de todo aquello, pasando por Oscar Wilde -tras su salida de prisión- el poeta y millonario francés Adelsward-Fersen (que vivía en Capri) hasta Anatole France, Marconi, o el rey de España, Alfonso XIII.  Von Gloeden vivía también con su hermanastra (hija de un primer matrimonio de su madre)  Sofía Raabe, que lo acompañó desde el inicio. Sólo estuvo fuera de Italia -obligadamente- entre 1915 y 1918, por causa de la Gran Guerra, cuando volvió a Taormina, ya no la abandonó jamás. Hacía pocas fotos nuevas, en ese tiempo, pero cuidaba y renovaba los negativos de las anteriores. El Fascismo lo respetó inicialmente por su fama, pero a su muerte destruyeron muchas fotos, aunque “Il Moro” salvó lo principal.  Hoy Von Gloeden es una de las glorias de Taormina y su arte de obligado estudio, cuando ya nadie duda del arte fotográfico o del desnudo, también masculino y joven

En 1949, Roger Peyrefitte hizo una semblanza narrativa de Von Gloeden, en uno de los dos textos que componen su libro “Los amores singulares”, del que conozco -además del francés- una antigua traducción argentina. Yo escribí en mi libro “Huir del Invierno” (1981) un poema sobre el Barón de Taormina, llamado “Viento del Sur”. Las fotos de Von Gloeden hablan por si solas, incluso en la obvia rusticidad de los muchachos que eran pescadores o campesinos, muy hermosos.  “A thing of beauty is a joy for ever”. Luego lo han seguido -cerca o lejos- casi todos.


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