Recuerdo de Antonio Machado.
Hoy hace 75 años que murió Antonio Machado (1875-1939) en el pueblecito francés de Colliure, donde lógicamente está enterrado junto a su madre, Ana Ruiz, que murió anciana tres días después que el poeta. El tenía 63 años pero la guerra, las penurias 
finales del exilio, y cuanto para él supuso la derrota, que era no sólo derrota de una España nueva sino una derrota personal, un fracaso de vida, lo tenían avejentado y triste.
Siempre he leído mucho a Antonio Machado, menos valorado en los inicios de mi
generación que su hermano Manuel. La verdad es que ambos son grandísimos poetas. En el último año de mi bachillerato (principios de 1968, yo tenía 16 años) leí “Campos de Castilla” (1912) uno de los grandes libros de Antonio, entonces lectura obligatoria en la asignatura de Literatura española. Lo leí con inmenso placer e hice después un trabajo sobre el libro. Ya me emocionó, pero después lo ha hecho más. Me encanta el Machado simbolista de “Galerías, soledades y otros poemas” (1907), pero también este Machado recio y de palabra luminosa, que acierta con los largos males de su patria. La pregunta me parece inevitable: ¿Qué pensaría hoy Antonio Machado de esta España de cara democrática pero semidestruida por el neo o paleofranquismo del PP y esquilmada desde tantos puntos de vista, incluido el de una cultura dejada en manos del azar y de la incuria a su suerte? Acaso quisiera no ver lo que vemos. ¡Pobre y gran Antonio Machado, tan español, porque es parte de nuestra altura pero no cerró los ojos nunca a nuestros desastres! Él izó la bandera republicana en el Ayuntamiento de Segovia en abril de 1931. La contienda terrible lo llevó a Valencia, a Barcelona y al exilio, que era la muerte. Siempre supo quienes eran los suyos. Admiró a Rubén Darío (“Si era toda en tu verso la armonía del mundo,/ ¿dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?”), pero en su honor y dentro de la honda variedad de su obra, que tantas veces aspiró al pensamiento, a la filosofía, también con los finales 
“complementarios”, debemos transcribir algo de uno de los grandes poemas de su dolor que es el nuestro todavía… “La España de charanga y pandereta, / cerrado y sacristía, /devota de Frascuelo y de María,/ de espíritu burlón y de alma quieta, ha de tener su mármol y su día (…)/ Esa España inferior que ora y bosteza,/ vieja y tahúr, zaragatera y triste;/ esa España inferior que ora y embiste,/cuando se digna usar de la cabeza (…) / Mas otra España nace,/ la España del cincel y de la maza,/ con esa eterna juventud que se hace/ del pasado macizo de la raza./ Una España implacable y redentora,/ España que alborea/ con un hacha en la mano vengadora,/ la España de la rabia y de la idea.”
Ojalá sigamos oyendo a este gran poeta terriblemente nuestro. Y ojalá la verdad acompañe a sus buenas promesas…
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