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Recordando a Edith Piaf

El pasado 10 de octubre, hizo 50 años de la muerte de Edith Piaf -sólo con 47 años, aunque aparentaba muchos más, estaba destruida- en un lugar de la Costa Azul. Horas después moría su amigo Jean Cocteau, al que también deberemos recordar. Cocteau, tan versátil, había escrito para Piaf una de las canciones que la hicieron famosa en 1940, “Le Bel Indiférant”.  La infancia y juventud de Edith, nacida en París (1915-1963) de madre de origen marroquí y un padre apellidado Gassion, que se ganaba la vida como podía, fueron tristes y sobre todo muy pobres. Pero la niña -no muy alta- tenía una voz espectacular, singular y su padre le hacía cantar por las calles de la ciudad, así nació Edith Gassion, llamada muy pronto (pues se buscó otro apellido más apropiado) el mito incipiente de “la môme Piaf”, la chavalita Piaf. Vida bohemia, de tabernas y cafés de barrio. múltiples  amoríos, el primer amor importante de Piaf fue con un boxeador llamado Marcel Cerdan, que la abandonó algo más tarde.  Pero, a partir de 1936, Piaf va subiendo con canciones algo atrevidas y siempre vibrantemente cantadas  como “Mon légionnaire”.

Em 1948 -ya en el cenit de su triunfo, que incluyó varias películas, pero siempre para verle cantar- viaja con gran éxito a EEUU. Probablemente ya es adicta al alcohol, a los somníferos y a la morfina. Sufría alguna dolencia ósea y además su vida sentimental y personal era un desastre, pese a que Charles Aznavour fue su  asistente y secretario en1951 o que -algo después- tuvo otro romance con el joven Georges Moustaski que compondría para ella otra de sus canciones emblemáticas, “Milord”. Con Moustaki tuvo en 1958, acabando su relación, un grave accidente de carretera.  En medio de tantos problemas, dolores y dificultades, van surgiendo tantas canciones emblemáticas de la “canción francesa”:  “L’accordéoniste”, “Padam, padam..” “La Foule”, “Hymne a l’amour”, “La vie en rose”, “Plus bleu que tes yeux” o “A quoi ça sert l’amour”. Siempre hay entusiamo y desgarro a la par . En 1960 estrena su última y maravillosa gran canción “Non, je ne regrette rien” (No me arrepiento de nada). Hay un concierto apoteósico en el Olympia en 1961 en que ella -que ha tenido que drogarse para actuar- casi no se puede sostener, pero la actuación es maravillosa.  Ese año se casa con un joven alto y desgarbado que contrasta con la pequeñez de Edith, Theo Sarapo,que murió en un accidente de automóvil en 1970 y fue enterrado con ella. En los últimos tiempos, casi un mito trágico, Piaf -Gassion (como está escrito en su tumba) casi no podía salir de casa. Era una suerte de anciana teñida, con 47 años. Pero, “non, je ne regrette rien”. No me arrepiento de nada. Una bohemia, una perdedora triunfadora. No me arrepiento de nada, todo está barrido y bien pagado y le dice al nuevo “car la vie, ça comence avec toi” La vida empieza contigo… Gran Piaf, la vida alta del arte es a menudo así. In memoriam.   


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