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Raro San Sebastián para abrir el año de El Greco

(Publicado en la revista «Descubrir el Arte»)

Según recuerdo El Greco (1541-1614) es un pintor que me gustó de siempre y los motivos son  muchos. Ciertamente cuando a uno le gusta un gran pintor, y cree saber algo de pintura, puede y debe decir entre sus favoritas algunas de sus más reconocidas obras maestras: “El Expolio” de la catedral de Toledo, con su escarlata clamante, “El entierro del Conde de Orgaz”, majestuoso, complejo, “Laooconte”, mitológicos desnudos a las puertas de Toledo o “La Resurrección” con el espléndido escorzo de la figura, el soldado, que cae hacia atrás a mayor gloria del manierismo…

Sin embargo (y teniendo lo anterior por verdad) me dispongo a citar entre mis favoritos un “San Sebastián” del Greco –hoy en una colección particular- que no es ni el de El Prado ni el de la catedral de Palencia. Este San Sebastián es ovalado, porque se supone que (como el de El Prado) fue cortado en algún momento por debajo de los paños de pureza. Antes estuvo en Budapest. Este “San Sebastián” ovalado de hacia 1600, es sin duda el más bonito. Con el clásico fondo de los cielos tormentosos del cretense, la imagen es la de un joven bello, de melena larga hacia atrás, que muestra las flechas y el pecho desnudo, con belleza y sin dolor. Quizá este cuadro me gusta porque un Greco aún muy renaciente hizo como Bronzino y otros y no pintó al santo que protegía de la peste (y cuya edad nos es desconocida) sino que se dio a pintar, con el pretexto del santo, un muchacho hermoso. Es decir se trata –en el lienzo- de una exaltación neoplatonizante de la belleza del cuerpo juvenil. Sin más. Y el logro (dentro del estilo de El Greco) es absoluto. Ahora bien, la contemplación podría llevar a considerar, sin buscar respuestas de ninguna especie, que El Greco es uno de nuestros pintores auriseculares –con todas sus particularidades es nuestro-  al que más plugo pintar jóvenes desnudos, y no me voy al San Sebastián palentino ni al hermoso lienzo “San Martín y el mendigo”, sino  al “Martirio de San Mauricio” –hacia 1582- un lienzo lleno de hombres, alguno desnudo no en primer plano. Insisto, en que apunto a título de observación sólo.

En el bello “San Sebastián “ ovalado, entra el mundo humanista de Italia. Sin duda El Greco antes que por la expresividad, se decanta por la pura belleza que lo tiene todo, y se adelanta a la moderna lectura del martirio de San Sebastián como icono gay u homoerótico, según la expresión “San Sebastián, Adonis y mártir”. Es decir, belleza mitológica del joven que no es un mártir sólo cristiano, sino del imaginario homosexual con todas sus prohibiciones, tantas que (más allá de la peste, y de las llagas simbolizadas en las flechas) lo que se mira hoy en los lienzos de esta línea es la necesidad de tapar con el martirio cristiano el placer de pintar un cuerpo masculino joven y seductor, volviendo al mártir cristiano, mártir icónico del “amor que no se atreve a decir su nombre”. Eso no lo sabía El Greco. Pero sí supo de la belleza que Platón protegía. Hermoso y mutilado cuadro, como sea.

 

 

 


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