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PUERTO COLOMBIA (poema nuevo del verano joven)

Con la edad recuerdas, intuyes el verano y lo desearías eterno, joven, lejos…

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A las afueras de Barranquilla (digamos que unos diez kilómetros)

una  larga playa atlántica, grato calor, y muchos bares y hotelitos

donde  hay de todo: apariencias de lujo, calma, bares y fondas

que mezclan sabios, razas, sexos y surfistas… Hacen muy bien los

mojitos y los atardeceres son prodigiosos. Un chico moreno, grato,

daba la mano a un señor mayor -aspecto de holandés- al dejar las

hamacas. Estuve varias veces con amigos jóvenes, que fumaban yerba,

pero recuerdo mucho la tarde larga de principios de agosto de 2018.

Bajo una suerte de palio o tienda, al fondo de la playa, fumaban, bebíamos

o se bañaban de rato en rato (yo también) comentando el sexo, la noche,

la belleza, el placer de la vida, sencillo y complicado. Hubiese dado todo,

esa tarde maga, por quedarme allí, para siempre, con chicos, calor, tragos,

poco dinero, pero el suficiente, y perderme para siempre de todo y todos.

No quería más que lo que tenía allá y lo hubiese deseado, largo, muchos

años. No quería ser nadie ni llamarme nada, sino disfrutar de aquel estar

vivo (y no soy joven) hasta que llegara el derrumbe. Los bárbaros lo llenan

todo y más cada vez, sólo queda perderse en un nirvana hedonista…  Sólo.

Sueño en aquellas playas de chicos lindos, pecios, ron y surfistas, y en

el vano y dorado, inútil, dulce y acre vacío que es la vida. Piérdete, si sabes

todavía…

 

 

 


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