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PINTORAS ITALIANAS DEL SIGLO XVI

(Este artículo se ha publicado en la revista Bonart)

Para los no muy enterados, la gran pintora del inicio del Barroco era (y es) Artemisia Gentileschi, de la que era fácil recordar su ira antimachista, puesto que había sido violada… En el Museo del Prado se rinde tributo, con gran cantidad de obras, algunas de sus propios fondos, a dos notables pintoras, algo anteriores y muy notables. La muestra se titula “Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana”.  Sofonisba (1535-1625) era aquí bien conocida, pues llegó a la Corte española con 27 años para ser pintora a las órdenes de Felipe II. Además fue pintora y dama de compañía de la reina Isabel de Valois, de la que tiene un hermoso retrato. Sofonisba, nacida en Cremona, cumple muy bien sobre todo en retratos y autorretratos, la labor de unir el estilo italiano con el estilo de cámara español, que guiaba el pintor del Rey, Alonso Sánchez Coello y más tarde Pantoja de la Cruz.  Al ir estudiando más la figura de esta notable mujer, desde su “Autorretrato pintando” de 1556, se le han ido -con razones- atribuyendo más obras. Por ejemplo, el más famoso retrato de Felipe II que hoy se juzga obra de ella y no de Sánchez Coello. Pero se ha llegado a más, al atribuirle verosimilmente la autoría del delicado cuadro de El Greco, “La dama del armiño”. Como fuere su obra y labor en España fue muy importante. Volvió a Italia cuando el rey -que la protegía- la dio en matrimonio a Fabrizio Moncada, príncipe de Paterno, de origen aragonés, y en ese momento virrey de Sicilia. Allí está su “Autorretrato de vieja”, ya sentada, de mirar cansado. Es de 1610. Pero podemos recordar otros felices cuadros suyos como “Lucía, Minerva y Europa Anguissola jugando al ajedrez” de 1555. Su labor como puente fue harto notable.

Lavinia Fontana (1552- 1634) nació en Bolonia, que era entonces parte de los Estados Pontificios. Era hija de un notable pintor menor, Próspero Fontana, y vivió habitualmente en Roma. Se casó y tuvo once hijos. Como pintora retratista de la Corte del papa Paulo V, ganó bastante dinero, que gastó en una colección de antigüedades. Todavía se vio sometida a la regla que hacía que las mujeres trabajaran, básicamente, retratos y autorretratos. Así el “Retrato de la familia Gozzadini” (1584) . Pero ella se atrevería ya con temas sacros y aún con desnudos masculinos o femeninos, que incluía dentro de otros cuadros más amplios. Recordemos el discreto “Minerva vistiéndose” (1621) , “Autorretrato tocando la espineta” (1577) o “Cristo con los símbolos de la pasión” de 1576. Aunque menos potente que Sofonisba, Lavinia es una pintora de calidad que va rompiendo el canon femenino, para acercarse a clasicistas como los Carracci, Guido Reni o Domenico Zampieri.  Esta muy notable eclosión femenina puede admirarse en el Prado, con motivo de sus 200 años abierto al público. Y vale la pena.


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