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NIGHTS IN WHITE SATIN

Es el título (“Nights in white satin”, Noches de blanco satén) de una canción romántica,que estuvo de moda al filo de mis veinte años. No los había cumplido. Ese “blanco satén” (tan melodioso) era la adolescencia tenida entre deseos, y el otro satén de la adolescencia buscada. Oír esa canción, “Noches de blanco satén”, aún me llena de nostalgia. Por ello, tantos años después (en abril de 2017) escribí este poema, hasta hoy inédito, que irá en el libro de versos que estoy ultimando. El satén no se ha perdido, es el raso, el satén de la autopista del adiós y de los sueños cumplidos e incumplidos

NIGHTS  IN WHITE  SATIN

 

¿Qué se revive cuando se revive? ¿De aquellos sentires,

qué  quedó? Dilo: vagas sensaciones melancólicas y dulces,

completamente irreales… De hecho –lo sé hoy- es una canción

de amor, pero para mí  que sólo entendía el título y alguna

voz aislada, era eso, “Noches de blanco satén”… ¿Qué más pediría,

soñando en tantos que no existían o que sólo miraba pasar,

en verdad o irreales…? Era la felicidad, la plenitud y la ternura,

un mundo de belleza y deseos cumplidos, un reino evanescente

y pleno, “Noches de blanco satén”, como un adolescente las entiende,

entre infinito deseo y una irremediable sensación de no y melancolía…

De cuanto querías sentir y vivir siendo muy joven, antes de

nada, sólo queda lo que no llegó y la carreta del Tiempo y la Añoranza,

juntos, solos, eternos, adolescentes perdidos para nunca…

La adolescencia es un reino  sólo de tenues sonidos musicales.

 

 


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