Imagen de noticias de LAdeV

Ver todas las noticias


NIEVE, NEVADAS

A los mayores una gran nevada en Madrid no ha podido sino devolvernos a nuestra infancia, adolescencia o primera juventud. Hasta que yo tuve, al menos 28 años, dos o tres grandes nevadas en Madrid en invierno (incluso finales de marzo) no eran raro. Y además la cercana Navacerrada era una montaña y estación de esquí que todo el invierno- y algo más- tenía nieve. Yo esquiaba o me tiraba por las pistas en trineo hasta los 19 años y recuerdo enormes extensiones de nieve polvo, blanca, suave, que no dañaba si te caías. A los 19 años me descubrieron una escoliosis lumbar y el médico me prohibió el esquí, que practicaba sólo por agrado, sin el menor ánimo competitivo. Como fuere, dejé de subir a la montaña nevada, pero la nieve caía en Madrid. Yo he jugado muchas veces con ella en jardines y en la calle. Por eso la enorme nevada de ayer no me extrañó, sino porque hacía muchos años (más de treinta seguro) que no ocurría nada semejante. Una de las últimas grandes nevadas que recordaba yo   -cuando no eran raras- fue en febrero de 1978. Nevó mucho toda la noche, salía yo de una discoteca y la nevada no me impidió con unos amigos, seguir la farra. Al final el auto de uno patinó mucho en una calle grande, y ya decidí retirarme sobre las 4 de la madrugada…

La nieve no paraba la vida en esa época (en la infancia mucho más) porque enseguida los camiones del ayuntamiento echaban paletadas y paletadas de sal gruesa. Porque nevar es muy bonito al inicio -da como paz y silencio- pero luego si se hiela es peligrosa y ya no es nieve. O se ensucia y ennegrece con las pisadas de los transeúntes. Como tantas cosas empieza muy bello y culmina feo. Esta gran nevada nos ha cogido a todos por sorpresa (Ayuntamiento incluido, y eso es más grave) que ha hecho muy poco o casi nada. Decir que no se salga de casa es no hacer nada. Ni sal, ni quitanieves, ni ayuda a los bajos o las personas que lo pudieran precisar. Salí dos veces nevando, vi mucho público haciendo fotos y hasta esquiando, pero ni una sola patrulla o camión municipal con cadenas. El Ayuntamiento ha estado mal, severamente mal, aunque a la gente le guste la nieve, cuando no piensa sus inconvenientes y peligros. Vi también ramas de árboles rotas, caídas, y ciudadanos malos, idiotas, que limpiaban la nieve de sus balcones, sin mirar dónde caía lo arrojado. Ineducados, como tantos hoy.

La nieve es un espectáculo bello, pero que hay que vigilar. Y retirar al final, porque no sólo se vuelve feo sino peligroso. En estas latitudes (suponemos que por el cambio climático) la nieve se había vuelto inexistente o rara. Tanto que pequeñas nevadas -como la de marzo de 2018- eran acontecimientos, no siendo en verdad casi nada. A los menores de 50 años, la gran nevada de ayer los tomó por total y hasta grata sorpresa -es lógico- pero lo terrible, lo pésimo, es que el Ayuntamiento de una gran ciudad diera claras muestras de que la sorpresa y el estupor le causó parálisis. Hermoso (y a veces peligroso espectáculo) y mal por el Ayuntamiento. Mal. Lo siento, alcalde. “No salgan de casa” suena a candidez boba a estas alturas de la técnica y de la sal barata. ¿O es que era sábado y el personal libraba? Todavía peor.

 

 


¿Te gustó la noticia?

¿Te gusta la página?