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Narciso. El mito y la pintura,

(Esta entrada corresponde a mi “Diccionario de mitos clásicos para uso de modernos” editado en 2011 en Gredos).

En el mito de Narciso (en griego Narkissos) confluyen dos leyendas , con cierto trasfondo homófilo, y al menos una de ellas    -según los estudiosos- surgida en época helenística. Narciso era hijo del dios fluvial Cefiso y de la náyade Liríope.Según una versión más extendida, Narciso es un muchacho muy hermoso que atrae tanto a chicos como a chicas. Todos y todas caen rendidos ante él, pero Narciso pasa de largo. Entre sus rechazadas está la ninfa Eco. Némesis, apiadada de ella, castiga a Narciso       (por tal desdén) a amarse poderosa e insaciablemente a sí mismo. Al inclinarse para beber en una fuente o río, este joven hermoso que vive feliz en los campos, contempla su propiaimagen en el agua y se enamora inmediatamente de sí mismo. Intenta besarse pero el beso deshace la imagen y nada satisface, todo es vano, por lo que cada vez más consumido y desesperado de su propio ardor, Narciso se cae o se tira a la fuente o estanque y se convierte en una flor que, desde entonces, llevará su nombre: el narciso.

Según otros la variante beocia del mito podría ser más antigua. Narciso vivía en Tespias y rechazaba todas las aproximaciones masculinas que su beldad provocaba. Uno de esos enamorados, Aminas, se suicida clavándose la espada que el mismo Narciso, con desdén, le había enviado. Eros, irritado por este suicidio de amor, induce a Narciso al mismo camino. Desesperado por no poder poseer supropia belleza, Narciso se mata, arrojándose a la fuente o río que reflejaba su imagen. Para los tespios, la flor del narciso, habría nacido de la sangre de Narciso al suicidarse. Para protegerse del narcisismo había que rogar a Eros. El mito (en la Antigüedad) está narrado en las “Metamorfosis” de Ovidio, en las “Églogas” de Servio y en las “Dionisíacas” de Nono de Panópolis. Oscar Wilde trazó en un pequeño poema en prosa (“El discípulo”) la imagen contraria de Narciso. El “riachuelo de sus arrobamientos” se apena al conocer la muerte de Narciso, porque, en verdad, el Narciso era él: “Amaba yo a Narciso porque, cuando se inclinaba en mi orilla y dejaba reposar sus ojos sobre mí, en el espejo de sus ojos veía yo reflejada mi propia belleza.”

Para unos el mito de Narciso tiene un evidente componente homoerótico: Muchos homosexuales (guapos, sobre todo) comienzan con el amor a sí mismos. Para otros, Narciso representa simplemente el egoísmo del bello que rechaza tanto el amor como la amistad. Su moraleja sería que todo el que desprecie al amor, deamor morirá. Y desde luego conviene tener en cuenta que en la antigua interpretación de los sueños, haber visto tu imagen reflejada en el agua, era una evidente premonición de muerte. La cultura moderna (según los discípulos de Freud) está absolutamente teñida de narcisismo, pero su antiguo sentido trágico parece haberse perdido –al menos en muchos casos- en función de otro sentido lúdico y autocomplaciente. Los jóvenes modelos masculinos que inundan la moda y la publicidad de hoy ¿no hacen contínuo narcisismo con la cámara? Algunos medios de comunicación han aireado que la casa lujosa y madrileña del jugador de fútbol Cristiano Ronaldo (un muchacho claramente exhibicionista) está llena de espejos. La gente le dice que es guapo y a él le gusta saberlo y comprobarlo. En muy pocos partidos deja de quitarse la camiseta –por uno u otro motivo- para enseñar su casi lampiño torso… La belleza masculina y joven de hoy –tan cotizada- es casi toda narcisista. El río o la fuente se han sustituido por la cámara y la revista o el periódico.

Hay imágenes de Narciso desde la Antigüedad romana ( por ejemplo en las pinturas de Pompeya) pero su efigie llena buena parte de la gran pintura del Renacimento y del Barroco. Ya hemos dicho que los modelos actuales (para fotos o libros, a menudo destinados a un público gay) son Narcisos casi todos.  Es muy notable el cuadro de Nicolás Poussin “Eco y Narciso” ( hacia 1630) que representa a un joven y esbelto Narciso casi desnudo, moribundo, bajo la mirada de Eco y de un Cupido. Desde Caravaggio a Dalí tenemos diferentes Narcisos, destacando –a mi gusto- el del prerrafaelita J.W. Waterhouse de 1903. La literatura, por supuesto, no es menos rica en Narcisos con muy diversas interpretaciones, desde la sátira lúdica y teatral de “El Narciso en su opinión” de Guillén de Castro o “El lindo Don Diego” de Agustín Moreto (sobre un caso de narcisismo)  hasta el Narciso narrativo de Max Aub (1927) o tantos Narcisos más en la poesía moderna –por no hablar de las fábulas renacentistas, tal la de Hernando de Acuña- desde Rilke o Valèry, hasta Lorca o Guillén, por no citar poetas aún más cercanos entre los que podría autocitarme y no dejar de recordar el “Narciso” de Pablo García Baena en su libro “Junio” (1957).  Como ejemplo de tantísimo narcisismo (he sido enumerativamente muy sucinto)  citemos el inicio del “Narciso” albertiano –en tres partes- perteneciente a “Cal y canto” (1929): “No en atanor ni estanque, nardo mío,/de metal gualda y perejil crestado,/ ni en el florero corredor del río. (…) Lo inmutable, marmóreo y verdadero:/ desnudo siempre tú, sobre las aras/ de las ondas, besando al marinero.”

Narciso está en buena parte del erotismo glamuroso contemporáneo, pero entre abundantísima bibliografía, quien desee saber más, puede acudir al tomo de Bettini y Pellizer “Il mito di Narciso. Immagini e racconti dalla Grecia a oggi”. Milán, 2003.

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Aparte de esto, es bueno recordar que el muchacho bello que se gusta a sí mismo fue una imagen casi icónica del decadentismo entresiglos, tan prendado de la masculinidad joven y el lado decadente de la autocomplacencia y el rechazo…

Cuadros y fotos (que a veces imitan cuadros, modernamente) nos ayudan a comprender.


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