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MIS NOVEDADES LITERARIAS

Recién regresado de México, la Feria de Guadalajara claro, donde me invitaron con enorme cordialidad, no Madrid , sino mis editores mexicanos, empiezo la promoción, antes del paréntesis de la Navidad y después, de mis dos muy diversas novedades literarias. Una novedad es el tomito dentro de la recién inaugurada colección “Baroja y y yo” ( Ipso Ediciones, Pamplona) “Baroja, Un anarquista de derechas”, donde hablo por primera vez de mi peculiar barojianismo, y de mi gusto por ese hombre inquieto y apartado, amante de la libertad y del orden a la vez, que fue el muy singular Pío Baroja enterrado en el Cementerio Civil de Madrid, el mismo día que yo cumplía cinco años. La colección se presentó en la Central de Madrid hace unos días, con su editor nuevo Joaquín Ciaúrriz, Soledad Puértolas y yo que somos los autores de los dos primeros tomos de esta singular colección. Me encanta saber -y lo cuento- que fueron barojianos gentes tan diversas en todo como Camilo José Cela, John Dos Passos, González Ruano o Juan Benet. Hay algo muy atractivo en el desgalichado y mago estilo de Baroja, muy más que eficaz, y en el hombre huyente y observador, pesimista y lúcido. Novedad menor (le diría yo) pero muy novedad este “Baroja: Un anarquista de derechas”. La otra novedad de la que ya se ha ido dando cuenta pero que hasta ahora no se ha presentado, es mi tomo de memorias, “Dorados días de sol y noche” (Pre-Textos, Valencia) que, al contrario que el de Baroja, es un tomo grande, que creo no  ha quedado mal, con toda la peculiaridad de la memoria, que quiere ser buena prosa, mucha literatura, pero poco o nada ficción. Sale mucha gente, entre la literatura y el sexo. La sabiduría y la sensualidad. Diría (hablando para amigos) que es un libro que me importa porque en él están, acaso, buena parte de los días mejores de mi vida. La semana que viene lo presenta Jaime Siles en la librería Ramon Llull de Valencia. Y continuará… Dos novedades (relato y ensayo) de un escritor ya no joven, ay, en unos tiempos -no se me puede escapar- cada vez más arduos y malos para la cultura y las letras. Somos (soy, me digo a veces) el “último romano” -muchos nos vemos en esa senda- que dijera Boecio al inicio de lo más duro de la Edad Media: Vltimvs romanorum y (pese a ello) aún novedades literarias.  


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