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MEMORIA ENTRAÑADA DE PIER PAOLO PASOLINI

Hoy dos de noviembre, pero en 1975, al lado de la playa romana de Ostia, fue brutalmente asesinado Pier Paolo Pasolini (1922-1975). Tenía 53 años, uno de los grandes de la literatura y el cine italianos de su tiempo. Se dice que un chapero de 17 años, ya conocido en el oficio, que Pasolini recogió en su auto junto a la estación Termini de Roma -entonces un lugar habitual de ese tipo de contactos-  lo mató por no aceptar ser sodomizado. Pino Pelosi -condenado después y que falleció en julio de 2017- lo habría golpeado salvajemente y luego habría hecho pasar el coche sobre el cadáver. Un espanto.  Enseguida muchos pensaron en un crimen político, con el señuelo del chico, sabidas las no ocultas aficiones de Pasolini. Todo el mundo que ha pensado o leído el libro de Marco Tullio Giordana, “Pasolini, un delito italiano”  (de 1994, traducido al español en 2004) sabe que quedó probado que fueron varias personas -no un chico solo- quien asesinó a Pasolini. Se habló de “crimen político” y se apuntó a un sector mafioso de la Democrazia Cristiana, partido hegemónico en Italia, muy corrupto, y al que Pasolini  -gran y atrevido periodista además- hacía blanco frecuente de sus iras, como se ve en el libro póstumo de artículos, “Escritos corsarios”, donde Pasolini dice cosas terribles sobre esos políticos, que años después se demostraron verdaderas. Quedó al borde del estreno su tremenda película “Salò o las 120 jornadas de Sodoma”,1976, (una de las películas más duras que recuerdo) y su no conclusa novela “Petróleo” , publicada en español en 1993 y apenas un año antes en italiano, porque fue necesario un gran trabajo filológico. 

Pasolini fue filocomunista (de Berlinguer, con Carrillo el eurocomunismo que por vez primera aceptaba la democracia) pero como los viejos comunistas no aceptaban su homosexualidad, también era crítico con ellos.   Pasolini había creído en el “pueblo” real, que ya no existe, con su miseria pero su amplia moral. Detestaba la hipocresía y la usura burguesa, y ahí entraba la alta pero también la baja burguesía, que era el pueblo pobre y abusado, pero manchado de valores burgueses. Es ya lo que hay. Pasolini ha perdido y lo sabía. Escribió poesía en friulano, la lengua materna de su madre, y creyó mucho en la variedad lingüística italiana, pero nunca dudó de la fundamental y tardía unidad de Italia. Sus poemas marcan época con “Las cenizas de Gramsci” (1957) , con “La religione del mio tempo” (1961) o con “Trashumanar y organizar” de 1971. En novela es un clásico “Ragazzi di vita” (1955)  o “Teorema” (1968) que llevó al cine ese mismo año. Siempre realismo alto y crítico, siempre la homosexualidad presente o de fondo.  Hay también teatro (“Calderón”, su último drama, es de 1973) y guiones. Mucho periodismo y cine: desde “Accatone” (1961), aún cerca del neorrealismo, hasta la simbólica y terrible “Saló” (1976) pasando por sus películas más bellas -las de la llamada “trilogía de la vida”, de las que renegó, ante la muerte del pueblo vivo- con “Il Decameron” (1971) o “Il fiore delle mille e una notte”  de 1973, bellísima. Antes “El Evangelio según Mateo” (1964) o “Medea” (1970) con Maria Callas. Además diversos reportajes o documentales.  Una vida plenamente vivida, con varios muchachos y con aquellos actores que sacó de la calle -como los hermanos Citti, que ya murieron- o el divertido Ninetto Davoli -sin duda una ocasional y breve historia del director- convertido luego en un icono amigo, al que entrevisté en público en el Ateneo de Madrid, unos años después del asesinato de Pasolini. 

Cuando asesinaron a Pasolini (escribí un artículo para un diario de León) yo tenía varios amigos que hacían una vida sexual muy pasoliniana, pero sin esa inquina de la sucia política que asesinó a un artista y a un hombre muy, muy lúcido.  Había escrito: “Sexo, muerte, pasión política,/ son los objetos simples a quienes doy/ mi corazón elegíaco…Mi vida/ no tiene otra cosa. Podré mañana,/ desnudo como un monje,partir/ del mundo, ceder a los infames/ la victoria… No habré perdido,/ no, ciertamente, mi alma.” PASOLINI.  


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