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Mandela y el tiempo.

(Publicado el viernes pasado en los periódicos del grupo Promecal)

Este artículo quisiera proponer una reflexión no sobre Nelson Mandela (o no sólo) sino sobre el Tiempo y la conducta humana en la Historia. Hemos asistido a la esperada muerte de Mandela /Madiba con 95 años en puro olor de santidad y como alguien dijo –tal vez Obama- convertido en un héroe mundial. Un hombre bueno, cuya imagen última de anciano frágil, sólo podía acentuar tal bondad. Los niños cantan canciones que lo celebran, y todos saben que la nueva Sudáfrica, sin “apartheid” y con igualdad de derechos civiles, se debe a él, a partir de 1990.  Lo curioso es que si hemos visto cientos de fotos bonitas del Mandela anciano, apenas hemos vito fotos (en blanco y negro) del Mandela joven, anterior a 1962, cuando fue condenado a cadena perpetua. Mandela (en esas fotos) es un hombre corpulento y recio, con aspecto fuerte y hasta diríamos que duro…

Aquí es donde hay que situar la reflexión. Sudáfrica (en la juventud de Mandela) era claramente un país injusto, donde los negros eran ciudadanos de segunda viviendo la segregación. Para luchar contra la injusticia , entonces –en los años 50 pasados- Mandela no tomó el camino de Gandhi sino que aceptó la violencia. Era presidente del “Umkhonto we Sizwe” que no era otra cosa que el hoy desaparecido brazo armado del Congreso Nacional Africano, el partido que hoy gobierna una Sudáfrica nueva y que debe tanto a Mandela, quien fue condenado a cadena perpetua en 1962, por sabotajes. Sabemos que Mandela estuvo más de 27 años en la cárcel y que en esos largos y parcialmente injustos años, Mandela cambió. Digámoslo con mayor claridad: Mandela (en un país injusto) fue condenado por terrorista o algo muy parecido. Sin embargo cuando salió de la cárcel en 1990 y se dirigió en Soweto a una multitud negra que lo adoraba, no habló de violencia  (en la que creyó de joven) no les dijo a los negros que acabaran con los blancos, que tanto daño habían hecho. Les habló como a hermanos que deben reconciliarse en pie de igualdad con sus otros hermanos, creando así un país plural  e igualitario. El Mandela que  entró en la cárcel era muy distinto del que salió. El antiguo hombre violento ahora pedía paz y concordia, y la consiguió. A lo que  (si me es dable decirlo así) ayudó esa imagen tierna de viejecito bondadoso. Y esto es lo que debe llevarnos a reflexionar, entre otras cosas, si Mandela se hubiese mantenido en la violencia, Sudáfrica hubiese padecido una terrible guerra civil, con mal final, ganara quien ganase. Pero Madiba optó por la paz en igualdad y ha muerto como un héroe mítico.  ¿De villano a santo? Tiempo: Necesidad de cambiar.

 


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