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LUIS CERNUDA Y «OCNOS»

Una edición minoritaria, cuidada e ilustrada, editada en Sevilla, me ha hecho releer “Ocnos”, uno de los libros de prosa poética de Luis Cernuda que -poeta sobre todo y enorme- nunca desdeñó ni la prosa ni el ensayo. Es muy difícil (hoy que Cernuda es uno de los más grandes poetas españoles de nuestra lengua en el siglo XX) hacernos una idea del Cernuda vivo, escaso de éxito, con fama de huraño y antipático, exiliado que jamás regresó -está enterrado en México- y que llevó una vida casi siempre cuesta arriba. Una vida en la que su siempre declarada y muy digna homosexualidad, no sólo le fue a veces motivo de desdén por gente gárrula, sino que también le dio el coraje y el valor de ser quien era y de consolarse y deleitarse con la admiración de la belleza juvenil…

Una peculiaridad de Luis Cernuda (1902-1963) es que nunca volvió a los sitios en que estuvo. Sevillano, dejó Sevilla en 1927 y nunca regresó, vivió luego en Madrid -el único lugar en que quiso poner una casa en la calle Viriato- pero cuando se fue a Inglaterra en 1938, tampoco volvió jamás. Allí estuvo en Londres, en Glasgow y en Cambridge. En 1947 abandonó Inglaterra por los EEUU -contratado como profesor- y nunca regresó ni a Inglaterra ni a Europa. Descubrió México en unas vacaciones en 1949, y ya no dejó de ir al país (también se encontraba con su lengua) hasta terminar instalándose en Coyoacán, al lado entonces del DF, donde le halló la muerte de un ataque al corazón, en un lugar que le dejaba Concha Méndez, vieja amiga y ya viuda de Manuel Altolaguirre. Era noviembre de 1963 y el extraño y gran Cernuda tenía recientes 61 años. En 1962 había publicado -en México asimismo- su último libro de versos, “Desolación de la Quimera”, uno de sus grandes libros, con obvia sensación de final. La tercera edición (aumentada) de “Ocnos” salió en la Universidad Veracruzana de Xalapa, muy poco después de la muerte del autor, quien sí corrigió el libro, pero no lo vio en las librerías ni en sus manos.

La primera edición de “Ocnos” (las tres primeras son en realidad primeras ediciones, porque Cernuda añadía siempre textos nuevos) salió sin ningún eco crítico en una pequeña editorial londinense “The Dolphin” y en tiempos  muy difíciles para Gran Bretaña -1942, Alemania aún ganaba la guerra-  ahí ese libro,con título sacado de un personaje de Hörderlin, y cuyas sutiles y delicadas prosas evocan la juventud y mocedad de Albanio en un innominado lugar del sur, en el que no es difícil reconocer Sevilla y su entorno. La ciudad que había vivido el joven y ya melancólico Cernuda.  En ediciones posteriores (en prosas nuevas) el estricto ámbito sevillano se ensancha, pero no deja de ser sur y de estar lleno de confidencia muy sutil, recuerdo a manera de estampa y evocación de un tiempo perdido y ya irrecuperable. Es una prosa, delicada, refinada, impoluta y muy bella…  La segunda edición de “Ocnos” salió -por los buenos oficios de José Luis Cano, a quien Cernuda nunca apreció en exceso- en 1949 y en Madrid, en las ediciones de la revista “Ínsula”. Y la tercera (siempre aumentada y que no llegó a ver Cernuda, sólo por días) lo acabamos de decir, en Xalapa, en México, en 1963.

Creo ver bien el inicio del libro, escrito inicialmente, entre Londres y Glasgow (una ciudad tristísima y más en plena guerra) entre 1939 y 1941. En aquella extrema soledad y lejanía, Cernuda halla elegante y disciplinado consuelo, rememorando imágenes sureñas y delicadas de su primera mocedad más que perdida. La melancolía es siempre muy fuerte    -como  la suave belleza y ritmo de la prosa- y siempre contenida.

El poeta (muy joven) va junto al río a ver tres chopos esbeltos y gráciles, que para el muchacho solitario y sensual, representan “El Amor”, como se titula el texto, que termina: “Mi efusión, concentrándose en torno de la clara silueta de los tres chopos, me llevaba hacia ellos. Y como nadie aparecía por el campo, me acercaba confiado a su tronco y los abrazaba, para estrechar contra mi pecho un poco de su fresca y verde juventud.”   


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