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LOS OLVIDADOS

(Este artículo se ha publicado en los periódicos del grupo Promecal).

Creo que la recordarán y no sólo los cinéfilos: “Los olvidados” (1950), rodada en México, es una de las grandes películas de Luis Buñuel y una de las grandes obras en celuloide de ese siglo. Con “Los olvidados” el duro Buñuel se anticipó a las películas de jóvenes callejeros y marginales (marginales para siempre) porque les rompieron las vidas, nacieron con sus vidas rotas…  ¿Quiénes son los olvidados de nuestro calamitoso hoy, fuera de la no desdeñable delincuencia urbana en prácticamente todo el mundo? Depende. Cuando mueren europeos o norteamericanos (lo que llamamos “occidentales”) hacemos mil lutos, banderas a media asta, y salimos con miles de velas encendidas y ramos de flores. Nuestras catástrofes son gigantescas, indecibles. Pero ¿las infinitas tragedias de los otros, de África casi entera, del destruido Medio Oriente, de los cientos de miles que quieren huir de guerras y atrocidades, todavía cometidas en nombre de una religión salvaje y brutal? Bueno, lamentamos, lo sentimos, pero se olvida enseguida. Hay que seguir adelante.

Los olvidados de hoy nos dan mucha pena, pero se diría (así de triste es) que no nos importan o incumben demasiado, aunque un día vayamos a descubrir nuestro trágico error. Hace unos días, en aguas sicilianas, se ahogaron 400 o más refugiados que huían de Siria. Cientos que engrosan una lista de miles. Ese mismo día en Bahía (Brasil) un ciudadano español fue asesinado por un delincuente urbano, cuando salía de cenar. Claro es que la muerte de ese compatriota ocupó más espacio que los ahogados sirios o que el año que hace que cien niñas nigerianas siguen secuestradas por el horror islamista de Boco-Haram , por no decir los muertos cotidianos, las hambrunas y calamidades sin cuento que llenan (saturan mejor) todo ese enorme territorio devastado que fue Siria, Irak o Libia, que nos cae más cerca, y en nuestro mar… Como María Antonieta ante sus desdichas personales, podríamos decir que “ya no tenemos más lágrimas para llorar”, que  dolor y daño nos han saturado, pero sabemos que no es verdad. En general preferimos no mirar el horror y las miserias de una gran parte del mundo porque nos aterroriza, y hasta egoístamente tememos que nos alcance alguna vez, y ahí no vamos tan errados. Pero generalmente tendemos a creer (sin decirlo) que los actuales olvidados de todos los conflictos y desastres de este mundo que no va bien, son algo inevitable, algo así como las bíblicas plagas de Egipto y que nosotros nada podemos hacer, sino una remota compasión o pequeña limosna a una ONG. Somos egoístas y seguimos siendo eurocéntricos. ¿No pensamos que la globalización, tan cacareada por unos EEUU que no han tenido nunca las manos limpias, puede hacer que todo eso termine alcanzándonos, como los refugiados medio muertos o ahogados? No queremos ver a los olvidados. Bueno, son cine, decimos…

 


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