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LORCA: LA FAMA Y EL MITO

 

(Este artículo se publicó en El Mundo con motivo de los 80 años del asesinato del poeta)

Creo que la mayoría sabe hoy que Federico García Lorca (1898-1936) fue mientras aún vivía el miembro más famoso y popular de su hoy tan célebre generación. Es posible que –un tiempo- el prestigio mayor lo tuviera Jorge Guillén, poeta muy original y catedrático de Literatura. Pero sin duda a partir del estreno de su drama “Mariana Pineda” (1927) sobre 150px-Firma_de_Federico_García_Lorcala heroína republicana de Granada, el fervor fue para Federico. Mucho más popular que hoy, el teatro era en esos años –sobre todo si lo interpretaban actores célebres, como Margarita Xirgu- un muy fuerte medio de popularidad. Si pensamos que en la época de su trágico asesinato, García Lorca tenía algunos libros o conjuntos de poemas inéditos (sin ir más lejos “Poeta en Nueva York”, del que sólo AS10939habían salido poemas en revistas y una “plaquette” en 1935 con la “Oda a Walt Whitman”) es evidente que la fama  de Lorca venía de su alargada sombra como poeta –su teatro se calificaba de “poético”- pero aplicada a la dramaturgia que triunfó también en la América Hispana, singularmente en Argentina, donde el propio Lorca estuvo.  “Yerma”, “Bodas de sangre” y la última, “La casa de Federico-Garcia-Lorca-Luis-CernudaBernarda Alba” son en realidad, viviendo su autor, el sostén más literario de su indudable fama. Y como esta es un fenómeno poroso y plural, sobre todo cuando entra la popularidad, es obvio que lo que se dijera del autor contaba –como cuenta hoy- asimismo. Se sabía el carácter muy alegre o melancólico de Federico, y naturalmente se comentaba su homosexualidad, aunque el tema sólo pasó de la comidilla      (y acaso de su muerte)  porque es bien sabido que su familia desaprobaba esas cosas –no ahora sus sobrinas, que no lo conocieron- y Federico sufrió ese ser y no ser de su condición. Si pensamos en nombres hoy muy conocidos de esa generación, amigos además de Federico, uno a la larga Premio Nobel, garcia-lorca-Vicente Aleixandre o el gran Luis Cernuda, hemos de convenir que entonces –antes de la guerra civil- sólo eran conocidos de una minoría literaria, mientras que Lorca era realmente famoso, incluso en parte como lo entendemos hoy.

El libro de poemas más célebre (y exitoso) que Lorca publicó en vida fue “Romancero gitano” -1928- que a mí me parece de una finura y de calidad extraordinarias y donde el elogio a la belleza varonil late doquier a la vez que la defensa de un pueblo marginal y pansexual: los gitanos.  Pero es bien sabido que el éxito y hasta casi la divulgación en images (12)coplas basadas en ese mundo de tal libro (canciones de Rafael de León como “Ojos verdes”) terminó cansando a Federico a quien le agobió la etiqueta de “cantor de los gitanos”. No lo era o no al menos como lo sugería, demasiado denotativa, la frase. Su defensa de la marginación pasó en Nueva York de los gitanos a los negros, que bajo las diferencias tenían mucho en común, por ejemplo una sexualidad abierta, generosa. Una vez Rafael Martínez Nadal, profesor en Inglaterra y uno de los mejores amigos de Lorca, me dejó ver una breve carta manuscrita (una cuartilla por ambas caras) que Federico le envió desde NY narrándole, en unas expresivas pinceladas, una orgía con negros. Al final de la carta se podía leer: “Cuando la leas, rómpela”. Era de 1930 y entonces quizás hubiera sido normal que la rasgara, pero ¿a fines de 1981, cuando yo la leí? Rafael la había guardado muchos años con devoción –esa y otras muchas cartas- pero el dueño, que me había hecho el cumplido de ADAM-Poema-de-Federico-García-Lorca-450x278mostrármela y dejarla en mis manos, me aseguró que algún día la rompería. Sigo sin entender y hace ya no pocos años que Martínez Nadal murió. ¿Qué se hizo de esas cartas más secretas? Yo no lo sé y nadie hasta hoy me ha dado respuesta. Todo es posible.

La fama de Lorca era tanta que cuando llegó a Buenos Aires en 1934 la prestigiosa “Sur”, que era como decir Victoria Ocampo, tiró una edición de “Romancero gitano” con muchos ejemplares (no sé si todos) firmados por el autor. Está claro que se celebraba al poeta, aunque el viaje lorquiano tenía más relación con las conferencias y el teatro.  Es cuando dicen que en alguna entrevista radiofónica –le hicieron muchas- podía conservarse la hoy desconocida voz de Federico.  Lo malo es que, al parecer, no vive ya nadie que conociera o identificara la voz para siempre ignota de Lorca.  ¿El mito no es la consecuencia máxima y postrera de la fama? Sin duda. Pero yendo más allá. Como muerto trágico –asesinado en una guerra civil, le llamaron “rojo y maricón”- y muerto joven, tenía 38 años recientes, Federico cumple las leyes del mito. Es un altísimo poeta, no se duda, pero es muy posible que sin esa muerte trágica que conmocionó al mundo, la fama hubiera crecido más, pero el mito, auténtica esencia de la inmortalidad, no hubiese llegado nunca. Y Federico es un mito. Algo que parte de la fama pero la supera. José Saramago decía que la grandeza enorme de Pessoa había terminado suponiendo como un valladar para los sucesivos poetas portugueses. Como si Pessoa cerrara ese Olimpo. Algo semejante se dijo años atrás del mito Lorca, inmenso, y la posterior poesía española. Pero si ese efecto barrera de algún modo existió para el extranjero, hoy no es así. Federico es un mito y un gran poeta, pero el agua mejor de la poesía española fluye ya con todas sus riquezas bajo ese puente singular… (“Vuelan en la araña gris/siete pájaros del prisma.”)

Al hacer ya 80 años de la desaparición trágica de Federico García Lorca, su obra acaba de pasar al dominio público.


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