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«LORCA» por CARLOS EDMUNDO DE ORY

Longevo, peculiar, excéntrico, inspirado, así fue el gaditano Carlos Edmundo de Ory (1923-2010). Vivió muchos años en Francia y casado con francesas porque le aburría lo que alguien -Guillermo de Torre- llamó «el telón de incienso» (no de acero) del franquismo. Era hijo, eso lo recuerdan menos, de un poeta menor, pero muy notable conocedor del modernismo, autor de muchísimas antologías del movimiento, llamado Eduardo de Ory, que murió en 1939. Carlos Edmundo -creo- nunca habló mucho de su padre, pero si relaciona a Lorca con un viejo modernista de la primera hora, el malagueño Salvador Rueda, es porque el niño Ory llegó a estar sentado en las rodillas de Rueda, amigo de su padre… En España (tras una muy juvenil e inédita etapa lorquista, que tiene poco interés) Carlos Edmundo se lanzó al postismo, ya llegado a Madrid, con Eduardo Chicharro hijo -su padre fue un notable pintor- y amigo de Juan Eduardo Cirlot y también de Gloria Fuertes, o inicialmente del pintor Ginés Liébana. 

Ory jugó siempre a la vanguardia, a la experimentación en muchas lineas, pero también a un continuo renovar la tradición (la del soneto, por ejemplo) por lo que su obra es plural, rica, visionaria, a ratos ingenuista, juguetona, pero otras veces llena de mayúscula fuerza. Después de vivir años en París , desde 1955 -cuando se va de una España que siente vieja, clerical, censora- termina instalándose en Amiens, donde algún tiempo fue profesor. De una manera un tanto casual yo conocí a Ory en 1970 (recientes mis dieciocho años) cuando él volvió a Madrid, vino muchas veces a España desde entonces, a presentar la antología de su obra que Félix Grande había hecho en 1969, y que se enmarcaba en la recuperación de «Cántico» y del postismo, que mi generación pretendió. En aquel acto, brillante y lúdico, conocí también a un entonces casi desconocido Paco Nieva, que también tuvo mucho postismo… Luego vi a Ory (incluso haciendo performances en Granada) en no pocos actos o festivales literarios, ya en los 80, para retomar contacto epistolar y de intercambio de libros con él, hacía el final de su vida. Dicen que «Metanoia» y «Aerolitos» resumen lo mejor de su estética plural, diseminada en muchos libros.  Ahora la editorial sevillana el paseo, acaba de sacar un inédito de Carlos Edmundo de Ory (en edición de Ana Sofía Pérez-Bustamante) inédito en español, pero no en francés, pues a Ory le encargaron un librito sobre Lorca en 1966 -se editó en 1967- lo escribió en español y lo tradujeron, pero el original quedó algo arrumbado -aunque con correcciones manuscritas- hasta ahora mismo. Uno podría pensar que a Ory le llegó a cansar Lorca (tras el entusiasmo muy juvenil) pero aquí busca sus claves de heterodoxo y de maldito, sin faltar el andalucismo profundo o el Nueva York surrealista y vital, al escribir no un libro académico, sino el libro de un poeta sobre otro poeta, lleno de citas, paráfrasis pero también muchos deslumbres.  Es curioso el apéndice del libro (no en exceso largo, pero brillante, singular) en que Ory se empeña en ver las cercanías entre Lorca y alguien que, a priori, parece quedarle lejos, como el mencionado modernista Salvador Rueda. Libro singular, peculiar, visionario a veces, con muchas lógicas conexiones francesas -se escribió para Francia- como Desnos o Lautréamont, entre tantos, el libro puede sorprender tanto a lorquistas como a seguidores de Ory. Se anticipa a un libro de Umbral, que era notable para su época, «Lorca, poeta maldito» de 1969.  Como sea, un buen hallazgo ensayístico y creativo, de ese Ory postista en continua renovación, como siempre se quiso. Una curiosa sorpresa. Un Lorca muy Lorca y un tanto distinto.


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