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La trilogía Morrissey/ Warhol

FleshHe visto en estos últimos días (he revisado o revisitado como dicen algunos) las tres películas de Paul Morrissey, producidas y alentadas por Andy Warhol, que hicieron época en el «underground». La primera fue «Flesh» (Carne) de la que ya dije algo. Es de 1969 -atrevidísima para entonces- y es también de algún modo la más clásica. Es la vida de un chapero un día en Nueva York. El protagonista-fetiche es el muy guapo (entonces) Joe Dallesandro, bajito, y de cuerpo y perfil escultural. Se le ve con otros chicos y con clientes más o menos singulares y con la chica un poco pirada con la que vive y con la que tiene un bebé. La escena de las dos desnudeces fue el motivo del cartel publicitario de la película. La segunda es «Trash» (Basura) de 1970 y sin duda la más fuerte. El icono sigue siendo el guapo Joe, aquí un algo sucio, porque es un yonqui -antes del sida- que malvive en el bajo mundo de un Nueva York sórdido con una mujer (probablemente un travesti de la Factory) que se dedica buscar en la basura y vender algo de lo que encuentra. El drama está en que a causa de los chutes de heroína (también llamada «basura» y «mierda») el chico ha quedado impotente, cosa que lamentan todas las mujeres con las que se encuentra. Parece que va a tener relaciones con la hermana embarazada de su compañera, pero esta los pilla y echa a la hermana del sucio apartamento en el que viven… Joe y la amiga (que se masturba con una botella) quieren pedir un subsidio estatal pero el funcionario encargado -muy venal- descubre la trampa y la singular pareja, él mucho más atractivo que ella, deberán seguir en la basura. Por fin «Heat» (Caliente) de 1972, resulta quizás la más «light». Sucede en  California, adonde llega el guapo Joe buscando trabajo en el medio artístico. Las mujeres quedan prendadas de él. En el hostal con piscina donde vive se lo monta con la gorda dueña y con la hija histérica y medio lesbiana de una antigua y mediocre estrella de Hollywood (Sylvia Miles) que ha tenido tres maridos ricos. La madre que está harta de su hija inactiva se prenda del guapo Joe y se lo lleva a vivir con ella para ayudarle en su carrera, pero la madre (en declive) resulta ser tan histérica y celosa como la hija… Por el hostal con piscina (al que Joe vuelve) viven también dos hermanos que hacen juntos un shaw sexual en un bar nocturno. Uno de ellos (con aire algo tonto) pasea de continuo empalmado. Las tres películas retratan el mundo que viven las grandes ciudades por debajo de lo oficial, la vida marginal, y hacen ese retrato sin sentimentalidad ninguna pero con ternura. Las películas -que se siguen viendo bien- son la expresión de una época y un mundo, muy minoritario en España cuando se filmaron, pero que terminó llegando. Creo que han perdido poco, aunque las dos primeras sean mejores, y que son uno de los productos más significativos de ese gran productor de novedades atrevidas que fue Andy Warhol, al que le gustaba todo lo transgresor, aunque él fuera más espectador que actor. Un documento, sí, muy vivo, que vale la pena. Y un tributo a la pasada gran belleza del hermoso «little» Joe. También un «mártir de la Belleza», me parece…


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