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LA MUERTE SILENCIOSA DE ANTONIO CABRERA

Conocí a Antonio Cabrera (gaditano afincado de antiguo en Castellón, en la Vall d’Uxó, donde fue profesor de filosofía en un instituto) en los finales años 90. Antonio, nacido en mayo de 1958, siempre pareció -creo- algo mayor de lo que era. Me mandó sus libros, y cuando nos veíamos (con bastantes amigos comunes en una época) era siempre gentil, amable, lleno de educación, y con un hondo sentimiento de amistad. Porque aunque pasara mucho tiempo sin verte, ese sentimiento amistoso y dulce, perduraba en un hombre bueno y sencillo, pero hondo, que amó la naturaleza y los pájaros, y que estaba en Valencia muy ligado al grupo de poetas, entre los que destaco a Vicente Gallego, también amigo. Me quedo con dos libros poéticos, sobre todo, de Antonio Cabrera, «En la estación perpetua» por el que le dimos el premio Loewe el año 2000. Y su libro último, «Corteza de abedul» (2016). No había vuelto a ver a Antonio desde que hace un par de años -las circunstancias me las narraron amigos comunes-,una ocasional mala caída, le produjo una lesión medular que le ha tenido dos años tetrapléjico. Una desdicha. Comía con amigos y todos jugaron con un niño y un balón. Antonio sólo miraba. El padre del niño le animó afectuoso a que participara también.Cabrera lo hizo -llamado- y de ahí su caída y su gravísima lesión. De estos azares nadie tiene culpa por supuesto, pero quien le llamó a ese juego en el que no participaba, debe estar desolado doblemente. Antonio Cabrera (tan limpio, profundo y buena gente) murió ayer a menos de un mes de haber cumplido 61 años y tras dos de inmovilidad. Me conmueve mucho. Adiós, amigo Cabrera, ruega por nosotros.

(Mucho mayor -nació en 1922-  también ha muerto en Córdoba, José de Miguel, Pepito de Miguel para los amigos. Poeta tardío en imitación de «Cántico» -amigo de todos ellos, en especial de Bernier y de García Baena, gay también- ayudó cuanto pudo a varios y si era un poeta menor, fue una persona frívola, pizpireta y buena. Siempre cariñoso y amable. Lo traté muchas veces. Encantador y de simpatía inocente. Se han ido -muy diferentes- dos excelentes personas -no hay tantas- Antonio Cabrera y José de Miguel. Descansen ambos).


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