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EN LA MUERTE DE JULIO ANGUITA

Aunque nacido en Fuengirola (Málaga) entonces un sencillo pueblo de pescadores, en noviembre de 1941, a Julio Anguita (fallecido hoy en Córdoba) lo asociamos con esa ciudad de la que fue varios años alcalde comunista. Debo decir que yo no he sido nunca comunista -aunque sí socialista democrático- y que creo que el comunismo, desde la Revolución soviética de 1917, pasando por el Telón de Acero, Mao o Fidel Castro, me parece uno de los grandes errores (y a veces muy sanguinario) del siglo XX. La caída del muro de Berlín en 1990, demostró ese fracaso. Detrás del lado comunista del muro -conocí a bastantes huidos- sólo había básicamente dictadura, opresión y miseria, mientras que líderes dictadores como el rumano Ceaucescu (y su mujer Helena, la de los cientos de pares de zapatos, a los que el pueblo encolerizado abatió a tiros) vivían en pleno lujo. Esto es llanamente historia. Sin embargo -hay que decirlo- fue el PCI , el más grande de la Europa Occidental, comandado por Berlinghuer y el PCE, comando por Carrillo, quienes renunciaron a la absurda «dictadura del proletariado» leninista, y a la idea de la «toma del poder» antidemocráticamente, para con el llamado «Eurocomunismo», crear un comunismo democrático que aceptó llegar al poder por las urnas, y no «asaltando» ese poder en momentos de debilidad.

Julio Anguita (un hombre de apariencia demasiado seria y dura) fue un comunista ortodoxo y bastante radical, que pese a ello aceptó la democracia. Pero nunca dejó de ser un duro maestro de escuela. Incluso cuando los yanquis asesinaron en Irak a su hijo, el periodista Julio Anguita Parrado -fueran cuales fueran sus sentimientos más íntimos- el comunista Anguita se mostró con apariencia dura e insensible. Algunos le criticaron por eso que, acaso, sólo fue apariencia. No me interesó nunca Anguita, ni su estilo ni sus doctrinas, pero fue sin duda un hombre honesto, un comunista al viejo estilo, que no se dedicó a vivir en «comunista de salón» (buscando dinero) y fue siempre sobrio y sencillo, estilo La Pasionaria, en Moscú. No quiero Anguitas para mi país -y mucho menos la banda ávida de poder y lucro que hoy se dirá sus sucesores- pero hay que honrar a un hombre honesto, aunque el desacuerdo con él haya sido casi absoluto. Que la Nada benévola lo acoja. Ha muerto, de afección respiratoria, con 78 años. No deja herencia, pues sus llamados «herederos» no lo son. Por cierto, nunca fui comunista pero tuve y he tenido muchos amigos comunistas de verdad, como Agustín Díaz Yanes, de los que sí se jugaron el tipo…

 


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