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EN LA MUERTE DE FRANCO ZEFFIRELLI

Después de años de retiro y extrema, aunque cuidada vejez, ayer murió en Roma Franco Zeffirelli, florentino de nacimiento, que había cumplido el pasado doce de febrero 96 años. Franco Zeffirelli (1923-2019) pseúdonimo que legalizó porque su padre abandonó a su madre, estuvo desde muy niño cerca de la extravagante y rica colonia inglesa de la Florencia de su juventud, a la que quiere retratar en su penúltima película, “Un té con Mussolini” (1999) biográfica y sentimental, pero donde oculta que esa colonia no sólo tenía viejas chifladas amantes del arte italiano, sino una vida sexual vetada en su país de origen, la muy puritana Gran Bretaña. Zefirelli oculta eso (y es grave) porque para entonces él, reconocido homosexual y hasta acusado por un guapo actor modelo, de acoso sexual, había virado a la derecha, entrando en “Forza Italia” (el partido de Berlusconi) que logró que lo hicieran senador vitalicio de la República. Director de teatro y de ópera, amigo personal y admirador de María Callas, Zeffirelli entró en el cine en 1948 como ayudante de dirección, nada menos que del Visconti de “La terra trema”, el inicio del neorrealismo. Dicen que también pudo ser además su amante. Todavía fue ayudante de Visconti en “Senso” (1954), una de las primeras cintas  esteticistas del milanés. Sin dejar el teatro ni sobre todo los montajes de ópera, Zeffirelli se estrena en 1966 como director de cine a lo grande, adaptando “La fierecilla domada” de Shakespeare, con una pareja de actores internacionales, entonces en el culmen de su fama: Elizabeth Taylor y Richard Burton. En 1968, vuelve Zeffirelli a Shakespeare con una bellísima  película, “Romeo y Julieta”, interpretada por bellos y desconocidos actores jóvenes ingleses, como el muy hermoso /Zeffirelli lo reconocía) Leonard Withing. Es posible que las películas de Zeffirelli -casi siempre coproducciones anglosajonas, por ello decía que en su amada Italia le hacían menos caso- puedan y suelan pecar de algo superficiales y alguna vez (“Hermano sol, hermana luna”, 1972, sobre Francisco de Asís joven) hasta de ñoñas o no exentas de un toque cursi. Pero estéticamente, en la recreación de belleza, muchas son magistrales. Su última obra, homenaje a su desaparecida amiga, a su triste final, fue “Para siempre Callas” en 2003. Antes había estado su hermoso filme sobre la vida de Jesucristo (1977) y unas “Memorias” que son, en todos los sentidos del término, buenamente discretas;entre otras obras.Con Zeffirelli nos deja un director notable aunque no hondo, involuntariamente puritano   -como sus amigos ingleses- pero un inmenso y mago creador de estética. En ese sentido (y sólo en ese) un discípulo de Visconti, que supo siempre -Zeffirelli- vivir muy bien. “Romeo y Julieta” para mí es inolvidable. 


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