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JUAN CARLOS, LA MONARQUÍA Y FELIPE VI

La historia (ya Historia) del reinado de Juan Carlos I está llena de aciertos, desaciertos, momentos ejemplares y no menos ejemplares caídas. Yo tenía 24 años cuando Franco murió, después de haber designado como su sucesor a Juan Carlos I, hasta entonces “Príncipe de España”. Juan Carlos llega pues al trono como el “rey franquista”, y no es poca la gente que entre bromas y veras, lo apoda “Juan Carlos el breve”. Sin embargo, menos de dos años después, o sea desde 1977, Juan Carlos se reconcilia con su padre Don Juan, recupera la legitimidad dinástica y es un claro impulsor de la

Transición y de la normalización democrática de España. La Constitución de 1978 -votada por los españoles- lo consagra como Rey legítimo y democrático y el pasado cerca de Franco, queda atrás. Cuando frena con clara decisión el esperpéntico intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, Juan Carlos resulta un rey modélico que se vuelve enormemente popular. La gente -que lo quiere- dice que no importa si España es o no monárquica (muchos creen que sí es monárquica) pero que, obviamente, es del todo “juancarlista”. Así fue. Aquello, acaso, le dio un exceso de confianza al hoy exrey.  Claramente simpático, no creo que Juan Carlos haya sido muy inteligente, pero tuvo buenos consejeros, y de inicio cumplió su papel con rigor, bien aconsejado.

Ya a mediados de los años 80 -en momentos de prosperidad económica que se inicia- se hace “vox populi” que Juan Carlos es claramente infiel a la reina Sofía. Es más, se comentan esas no pocas infidelidades y hasta se dicen abiertamente (básicamente en privado) los nombres de las varias actrices, entonces muy conocidas, que habrían estado con el monarca, se suponía que a cambio de algún regalo. El pueblo “perdona” claramente esas cacareadas infidelidades de un Rey “picha brava”, entendiendo acaso que se trata de un asunto privado, porque pese a que el matrimonio regio se considera privadamente roto, el papel institucional de Juan Carlos y de Sofía nunca tuvo quiebra ninguna. Algún momento debió ser muy duro para la reina cuando, en esa época, se ausentó casi dos meses de España, refugiándose en La India, donde aún vivía su madre, la exreina Federica de Grecia, nieta del último Kaiser de Alemania. Pero bien aconsejada, Sofía regresó a cumplir meticulosa su papel de Reina. Los más viejos podían recordar o saber las infidelidades de Alfonso XIII -abuelo de Juan Carlos- a su mujer la reina Victoria Eugenia, matrimonio también por entero roto.

Muy poco a poco la popularidad de Juan Carlos (que había sido enorme) empieza a bajar. Si se compara con la inmensa fortuna de la casa real británica (la reina de Inglaterra es la mujer más rica del mundo) se dice que la Casa Real española es más bien “pobre”. Así es que en plena época del “pelotazo” y del bienestar económico, algunos amigos -recuerden al difunto y antes encarcelado Colón de Carvajal- deciden ayudar al Rey Juan Carlos a aumentar su capital. Queda obvio que no siempre obraron con limpieza, pero la figura del Rey -aunque en leve declive- se mantiene al margen. Hay que llegar a los innobles trapicheos de la Infanta Cristina (apartada de la Familia Real) y de su marido Iñaki Urdangarín, que al fin va a la cárcel, para ver que la familia real -Sofía siempre se ha salvado, sin duda la más “profesional”- no era todo lo ejemplar que cabía esperar. Cuando en plena crisis económica, esa que aún dura, y que Zapatero no supo gestionar, Juan Carlos anda cazando elefantes en África con una suerte de pendón de lujo, una tal princesa Corina, y se cae y todo se desvela, resulta un rey (Juan Carlos) avejentado, regular de salud, torpe, con el prestigio muy mermado -aunque se excusa-  y más aún cuando se sabe que ha facilitado ganancias sustanciosas y malas a la tal Corina. El episodio final es su abdicación en su hijo Felipe -Felipe VI- muy diferente a su padre. Esa abdicación no fue sólo un tema de salud debilitada, sino de la caída del prestigio del monarca que, muy torpemente, ha pasado de lo alto a lo muy bajo. Pese a los aciertos iniciales, hoy el reinado de Juan Carlos I -visto desde su fin- se juzgaría malo. El torpe broche final (ya exrey) lo pone el regalo de millones de euros recibidos de su amigo el rey de Arabia Saudita -un dictador- pese a que Juan Carlos influyó mucho que el tren de alta velocidad, Medina-La Meca, fuera obra española y no francesa. Juan Carlos debió donar el dinero regalado a alguna institución benéfica española. Pero dicen que se lo guardó y que incluso hizo un regalo a la tal Corina. Evidentemente Juan Carlos (exrey ya a todos los efectos) tiene un final de etapa desdichado y nada ejemplar. Pero un mal rey no cuestiona una institución, como un mal presidente -y no quiero señalar- no cuestiona la Democracia. Lo claro es que Felipe VI queda muy lejos de su padre en todo -a mi me parece hasta ahora muy buen Rey- y que su madre la exreina Sofía (menos simpática que Juan Carlos) ha sido una buena reina y probablemente ha influido en su hijo. Por lo demás el antiguo matrimonio regio está del todo o casi del todo roto -fuera de actos institucionales, ya muy pocos- y se dice que Juan Carlos vivía en la Zarzuela, en tanto que Sofía lo hacía en Londres, en casa de su hermano el exrey Constantino de Grecia.

Toca a Felipe VI reforzar la honestidad y ejemplaridad de la Monarquía, que a lo mejor algún día pueda ser llevada a referéndum, pero no hoy cuando nuestra pobre España tiene miles de problemas más graves y lacerantes, como los malos políticos y la crisis económica muy agravada por el coronavirus y el confinamiento.  Juan Carlos se ha equivocado, ha obrado mal y la gente lo castiga olvidando sus buenos gestos de atrás. ¡Y ha habido tantos ladrones del erario público en estos tiempos que lo de Juan Carlos sólo es peor porque era Rey! ¿Qué decir de la desvergüenza de la familia Pujol, de toda la familia, con el silencio de tantos catalanes? La vergonzosa familia Pujol (y viene el robo desde la misma Transición, caso Banca Catalana) es peor que lo muy malo de Juan Carlos. Pero Pujol era menos -con tener un cargo estatal de relevancia- y Juan Carlos era el Rey de España. Eso agrava su vergüenza. Pero Felipe VI queda aparte. De momento nada se le puede reprochar. Representa bien a la Nación española toda e incluso se ha distanciado de familiares directos, si lo requerían las circunstancias pátrias.

 


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