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Homenaje a Luis Alberto de Cuenca. (Luis Alberto, el jovencito izquierdista).

Hace poco más de un año se me pidió colaborar en un volumen homenaje a mi viejo y juvenil amigo Luis Alberto de Cuenca. El volumen se acaba de editar : “Alrededor de LAdeC” Neverland Ediciones, Aranjuez (Madrid). Reproduzco mi pequeño homenaje al amigo:

Conocí a Luis Alberto de Cuenca en el Colegio del Pilar cuando él (algo mayor que yo) tenía 15 años y yo 14. No estábamos, pues, en el mismo curso, y yo creo que nos vimos más fuera que dentro del colegio; pero lo que nos unió fue el gusto por la literatura y escribir en la revista del centro: “Soy Pilarista”. También nos juntó un amigo común, muy letraherido en esas jornadas y que hacía de puente entre ambos: Tomás Andrés. Al curso siguiente ya éramos amigos muy cercanos y salíamos a menudo (incluso muy a menudo) Rita Macau, la novia de Luis Alberto, él y yo.

Yo era un poeta modernista y simbolista que también escribía novelas de romanos como “Mircea, mujer romana”. Yo tenía un punto de conservadurismo esteta. Luis Alberto y su novia eran muy modernos, vanguardistas e izquierdistas, aunque hasta donde sé lo izquierdista estaba más en el pensamiento que en la acción, además de en un cartel de su habitación de estudiante, con una flecha en la dirección aludida y una frase (parece que proviene de un poema de Evtuchenko) que decía: “Más a la izquierda”. Era Luis Alberto fervoroso de Neruda y por poner un nombre muy distinto, de Fernando Arrabal. A él le debo haber leído “Cementerio de automóviles” que en aquel momento me gustó poco, y “Fando y Lis”, que sí me atrapó. Escribía Luis Alberto versos largos o muy cortos (como en las “Odas elementales”), todo lo que sonara a ruptural, y algunas piezas breves de teatro más que absurdo que llamaba (en su conjunto) “teatro ortododecaédrico”. Ignoro si ha conservado alguna. Yo terminé rompiendo “Mircea, mujer romana”.

Todos éramos muy literarios y soñábamos (en las cafeterías de la calle Goya) morir tras larga y fecunda senectud aplastados por los libros de nuestras abundantísimas bibliotecas. Muchos años después el novelista y periodista Jesús Pardo ha tenido el mismo sueño mortal…

Luis Alberto y yo éramos muy diferentes y muy iguales, por ello debe ser verdad aquello de que los extremos se tocan. En aquel lejano entonces (1967) empezó una amistad que con sus alzas y bajas, nunca ha decaído. Ha pervivido y pervive. Quizás una de nuestras etapas más divertidas e íntimas haya sido nuestro periodo “veneciano” y la aparición de nuestros primeros libros. Sin firmar él escribió la contraportada de “Sublime Solarium” y yo hice lo propio con la de “Elsinore”. Fue una época (en mi recuerdo) joven y feliz, leyéndonos uno al otro los poemas que acabábamos de escribir. Pero no era justo decir que nuestra amistad empezó entonces, como alevines “novísimos”, porque éramos los más jóvenes. No, la amistad empezó con el jovencito Luis Alberto revolucionario y ortododecaédrico, y el jovencito Luis Antonio monárquico y émulo de los romances modernistas de JRJ. ¡Por Hércules, qué lejos ha quedado todo! Tanto que sólo él y yo (o casi) podemos compartir estos recuerdos. Por eso me ha apetecido evocarlos. ¡Hasta pronto, Siul! Luan te manda un abrazo.


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